Pues estos hijos de la chingada
deportaron a Elvira Arellano.
El tema de la deportación de los inmigrantes indocumentados es superpolémico. Por un lado, está el asunto de que quien vive indocumentado en Estados Unidos está violando la ley y por tanto no nos debe sorprender, mucho menos indignar, el hecho de que sean deportados, y si reinciden encarcelados. Pero por el otro lado está la doble moral del gobierno estadounidense: necesitado de mano de obra barata, se hace de la vista gorda para que los indocumentados trabajen y contribuyan a construir la riqueza de este país sin percibir el salario que merecen y sin ningún derecho laboral.

Vista de lejos, la cosa podría parecer muy conveniente, todos ganan: el que necesita mano de obra barata la tiene, y el que necesita empleo tiene uno diez veces mejor pagado que en su país de origen. Pero el truco dura hasta que el indocumentado estorba. Esto ocurre generalmente: a) en un año electoral, cuando los republicanos deben demostrar a sus posibles votantes que son capaces de aplicar la ley, y empiezan las deportaciones masivas; b) en épocas de recesión económica, cuando sobra la mano de obra, y empiezan las deportaciones masivas; c) cuando el indocumentado empieza a luchar por sus derechos y organiza a los demás indocumentados, entonces lo deportan y descabezan la organización.
El último caso aplica a Elvira Arellano.

La historia empezó hace cinco años, cuando fue detenida en una redada realizada en el aeropuerto de la ciudad de Chicago, en donde vivía con su hijo Saúl, hoy de 8 años. Elvira, de 32 años y originaria de Michoacán, trabajaba con un número falso de seguro social, como todos los indocumentados en este país, haciendo la limpieza en el aeropuerto. En 2002 fue arrestada por usar un registro falso, y el arresto terminó en una orden de deportación.
A través del proyecto “Familias Unidas" de la organización
Centro sin Fronteras, que lucha contra la división de familias provocada por la deportación y busca que los niños que son ciudadanos estadounidenses puedan permanecer en el país en compañía de sus padres, se logró tramitar en el Congreso estadounidense una "extensión" para Elvira, gracias a la cual pudo permanecer de manera legal en el país hasta el año pasado.

Pero el caso es que partir de su experiencia recibió capacitación y empezó a colaborar en Centro sin Fronteras luchando por los derechos de los padres indocumentados. Su liderazgo le empezó a dar notoriedad, así que en 2006 no le renovaron la “extensión” para permanecer en el país, y Elvira recibió una orden de deportación para el 15 de agosto de ese año.
Llegado el día, Elvira decidió no presentarse en la corte y en cambio buscó refugio en la Iglesia Metodista Adalberto de Chicago. "Si envían agentes a buscarme a un lugar sagrado, entonces sabré que Dios quiere que sea un ejemplo de la hipocresía del actual gobierno", dijo antes de refugiarse en el templo calificado como santuario. (Espero en un próximo post abundar sobre el Movimiento Santuario. Básicamente se refiere a espacios, en su mayoría templos de diversa denominación, que albergan a personas con órdenes de deportación. Aunque la ley no se lo impide, la autoridad migratoria nunca entra en los templos para realizar arrestos).

Durante un año Elvira permaneció viviendo con Saulito en este templo, hasta que la semana pasada decidió iniciar un recorrido por el país para exigir una reforma migratoria que impida que otras familias en su situación sean divididas. El domingo pasado la detuvieron en Los Ángeles, y en medio de un proceso de deportación irregular y apresurado,
en el que la trataron como una criminal, las autoridades de inmigración la enviaron a Tijuana. El lunes por la noche la alcanzó su hijo y en las próximas horas decidirán si el niño se va con ella a Michoacán o si se queda a seguir su vida con una familia amiga en su país, Estados Unidos.

(click para verla en grande)
Al margen de la polémica, a mí todo esto me da mucha, mucha rabia con el gobierno estadounidense, sí, pero sobre todo con el gobierno mexicano. He escuchado a muchos mexicanos decir que Elvira se lo buscó, que quien viola la ley debe ser castigado. Los mismos mexicanos que han sido incapaces de exigir cuentas a sus presidentes y a sus congresistas ante el saqueo que se realizado en México durante las últimas décadas. Mexicanos que se dicen conscientes e informados, pero que no tienen idea del nombre del diputado que los representa en el Congreso. Mexicanos que menosprecian a los migrantes que con sus remesas son la segunda fuente de ingreso del país, que son incapaces de hacer algo por quienes han recibido una patada en la cola por parte de los gobiernos neoliberales. Incluso otros mexicanos migrantes en Estados Unidos, que por alguna razón ya olvidaron cómo llegaron a este país.

Elvira es originaria de Michoacán y proviene de una familia campesina. Hace diez años llegó a Estados Unidos para buscar una vida mejor porque el campo que alimentó y permitió vivir a su familia durante décadas dejó de ser redituable a partir de que entró en vigor el TLC. ¿Qué está haciendo el gobierno mexicano para evitar que sigan saliendo otras Elviras hacia Estados Unidos? ¿Qué estamos haciendo los mexicanos de aquí y de allá, como sociedad, para exigir que en nuestro país se nos den las oportunidades, para no tener que ir a buscarlas a otro lado?
Yo creo en las leyes, estoy convencida de que son la base del funcionamiento de la sociedad. Pero aplaudo el valor de una madre soltera, que sin haber ido a una escuela, corriendo el riesgo diario de ser arrestada en un país ajeno, puso un nombre y un rostro a los millones de madres que se encuentran en su situación, teniendo que vivir escondidas como criminales, aterradas ante la posibilidad de ser separadas de sus hijos que, como ciudadanos estadounidenses, tienen derecho de vivir en este país si se les da la gana, y tienen el derecho de hacerlo acompañados por sus padres.

Creo en las leyes y las respeto, pero no puedo negar lo que soy. Soy mujer, soy madre, soy mexicana y soy migrante, y por todo ello, y por un elemental sentido de solidaridad, me pongo de pie ante el valor de nuestra Elvira Arellano.
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Yo sé que youtube es horrible, pero este testimonio vale la pena. Denle click.
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