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lunes, julio 02, 2007

.oı1nظ ǝp 2 1ǝp opɐɔǝɹ

.ɹıɹoɯ uoɹǝıʌ ɐ1 ʎ ɐzuɐɹǝdsǝ uoɹǝıʌnʇ sǝuǝınb ǝp opunɯ 1ǝ opɐǝʇ1oʌ ǝp ísɐ '1ɐɹoʇɔǝ1ǝ 1ɐunqıɹʇ 1ǝp soʇuǝɯnbɹɐ so1 sǝ1qíǝɹɔuı ǝp ísɐ 'ǝɟı 1ǝp ɐɔıʇáɯǝʇɐɯ ɐ1 ɐpɹnsqɐ ǝp ísɐ
.oñɐ un ǝɔɐɥ ósɐd ǝnb o1 íɯ ɐɹɐd sǝ ǝ1qısuǝɹdɯoɔuı ǝ oɔo1 ǝp ísɐ 'ísA


Ayer estuve en el evento convocado por López Obrador, y otra vez las imágenes que hemos visto tantas veces.





Y la línea del discurso tampoco ha variado. Lo que ha variado, y me dio mucho gusto darme cuenta, es la manera de argumentar de la gente.
“Lo más importante en la resistencia, aparte de una manifestación como la de hoy, aparte de los gritos y sombrerazos, es que la gente se está capacitando”, me dijo Guadalupe, una señora que forma parte del movimiento de resistencia civil. “Hemos estado revisando los documentos de la política del país, hablando con la gente que no tiene estudios, enseñándoles en qué consisten sus derechos”.

“Yo estudié hasta la secundaria, pero me estoy juntando con la gente que sabe para que me enseñe a mí, y yo así enseñarle a los que no han podido estudiar”, me dijo por separado otra chica, Nieves.
Ambas me hablaron del artículo 39 de la Constitución, que establece el derecho de un pueblo a tener el gobierno que desea y la posibilidad de removerlo. “Cuando toman posesión dicen: ‘y si así no lo hiciere, que la nación me lo demande’; nosotros nunca se los hemos demandado, pero ya se les acabó”, dijo Guadalupe.



No sé si se les vaya a acabar, pero ver a la gente canalizando la rabia y la frustración en mecanismos para participar cívicamente me hizo sentir muy contenta, porque sé que el saldo de eso perdurará más allá del hombre al que hasta ahora la gente sigue viendo con devoción.


Y ps la neta, un poquito yo también :-)
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Actualización: La Chica Fresa se echó una crónica bien buena, vayan.

sábado, marzo 10, 2007

Recado del centenario

Hace 100 días estaba yo en la Cámara de Diputados, en la hermosa ciudad de México. Desvelada como me pasa cada vez que voy, pero en esta ocasión más porque, como la tribuna estaba tomada por los panistas primero, por los panistas y los perredistas después, y por una bola de desvergonzados como son todos los diputados finalmente, hubo que llegar a las tres de la mañana para que los perros del Estado Mayor Presidencial lo dejaran pasar a uno. Y cuando digo perros, es literal:

Como a las seis de la mañana echaron los perros al salón de sesiones para que nos olisquearan, a nosotros, a nuestras cosas, pero sobre todo a los diputados, porque después de cuatro días de tribuna tomada, muchos ya emitían aromas similares a los de las armas toxicológicas.
Así se veía la Cámara unas dos horas antes de que llegara el chaparrito-peloncito-delentes a lo que pretendió hacerle creer al mundo que era una toma de protesta (estas fotos las tomé yo):


Así se veía la Cámara cuando llegó a hurtadillas e hizo su numerito (estas fotos me las pirateé de El Universal y pues les metí mano):

Así de triste fue el momento dizque climático y exitoso para los seguidores del chaparrito en cuestión…

…y así de complicado le resultó colocarse la banda, premonición tal vez.

La imagen me recordó a esta otra:

Claro, si tuviera cuates, le ayudarían a ponérsela, ¿no? Vea usted un ejemplo:

(esta foto y las que siguen sí son mías, claro que sí, pues cómo no)

Por cierto, hablando del señor López, nomás diez días antes de eso, o sea hace 110 días, estuve en la toma de protesta legítima en el zócalo. Ahí vi las imágenes que debería de ver un presidente cuando toma posesión.



Volviendo al chaparrito, hace 100 días juró y salió de San Lázaro en menos de seis minutos, una versión reloaded de entregas y te vas. Por cierto, se fue así:

En lugar de irse como cuando confías en que tu pueblo te quiere y no te va a agredir, así:

(esta foto está malona porque la "escanié" de la portada de La Jornada de ese día, porque pues la guardo con amor)


Así es que la onda de hace cien días fue "juras y te vas". La bronca es que no se ha ido, y pues parece que no tiene pa’cuando.

Triste el centenario.

miércoles, septiembre 20, 2006

Recado nostálgico: Adiós al plantón


La semana pasada regresé de la Ciudad de México después de estar ahí 10 días para cubrir la publicación de resultados del Tribunal Electoral y el no-informe de gobierno de Fox.
Tuve días ajetreadísimos salpicados de lluvia toooodos los días; pero todos los días también estuve en la Asamblea de las 7 de la noche con López Obrador en el Zócalo. Y muchos de esos días, terminando, me fui a recorrer los campamentos del plantón.
Desde que inició esa idea loca de bloquear las calles yo manifesté mi desacuerdo, entre otras cosas, porque creo que esta decisión hizo que una parte importante del movimiento ciudadano que acompañaba a AMLO se plegara para dar lugar al ala más dura, más "barzonizada" del movimiento; sin embargo seguí con detalle cada día las imágenes de los periódicos, las que esporádicamente pasaba la televisión, las que encontraba en internet, las fotos de agencia, lo que me llegaba por correo electrónico.
Así que me conmovían las imágenes de los campamentos y las decenas de relatos de mis amigos, de conocidos, de gente que compartía su experiencia caminando entre las representaciones estatales o delegacionales lo mismo al mediodía del domingo que en la madrugada de un miércoles. Pero nada de eso me preparó para vivirlo en persona.
Llegué a México un sábado en la noche y la siguiente asamblea era el domingo en la mañana. Tomé el metro y me salí en la estación Zócalo, en la salida que está en medio de la plancha. Fue un shock. Pensé que me iba a dar gusto, que mi primera reacción iba a ser de alegría, pero no: me impactó ver la manera bizarra en la que estaba ocupado un espacio que me es tan familiar, que siento tan mío. Me chocó ver los baños que todo el tiempo sentí que no alcanzaban para tanta gente, ver las lonas y las carpas que en algunos puntos resultaban grotescas, algunas entre huacales y tablones de madera.
Estaba a punto de llover, y yo de llorar. Pero pasó la asamblea, recorrí el corredor Madero-Juárez-Reforma y mis ojos y mi mente se empezaron a familiarizar.
Entonces vi lo que todos me habían contado que habían visto, pero la diferencia es que ahora lo vi yo. Y por eso, con un dejo de nostalgia, van mis imágenes del plantón ido, de un poco de lo mucho que vi.
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Vi a hombres y mujeres adaptarse a una nueva circunstancia por defender aquéllo en lo que creen
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Vi la voluntad y resistencia de gente aparentemente débil
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La dignidad que cabe en una casita para acampar
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La solidaridad de gente que recorría media ciudad para ir a dejar dos kilos de arroz
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Vi a una nueva generación descubriendo su responsabilidad histórica...
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...y a viejas generaciones redescubriendo su propia historia.
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Vi la luz suave filtrarse entre las lonas...
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...puños fuertes levantándose en el aire...
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...mujeres haciendo lo mismo que han hecho durante siglos.
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Vi a un pueblo bailando, creando, sonriendo...
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...usando el humor de siempre para no dejarse nunca.
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Aunque ocurrió hace varias semanas, vi por primera vez las mantas de artistas e intelectuales en favor del recuento voto por voto, que fueron destrozadas por simpatizantes de Felipe Calderón y "anitpatizantes" del resto del mundo
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Pero también vi las que se salvaron, y me gustaron, y me conmovieron.
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Y sí, algunas me hicieron reír mucho.
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Vi a las personas dejando el auto y volviendo a caminar...
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... y tomándose el tiempo para sentarse a platicar.
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- Vi cómo ante la intolerancia, nuestra gente siempre tiene una manera de curar las heridas.
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Durante los días que recorrí los campamentos vi a la gente decir lo que piensa, escribirlo…
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(casi no se ve, pero un espóntaneo escribió: "Martha Ranchera Ladrona". Ja!)
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(Den click en la imagen de abajo para poder leerlo completo)
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Pero además de escribir, vi a la gente leyendo lo que otros piensan
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Cuán diferente sería nuestro país si algunos en el gobierno hicieran lo mismo.
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En los pasillos del plantón vi amor, un chorro de amor...

...de pareja...
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...de mamás e hijos…
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...de pueblo a gobernante...
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...y de gobernante a pueblo.
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Vi al único político mexicano que ha usado los verbos querer ("Los quiero desaforadamente") y amar ("Amor con amor se paga") cuando le está hablando a su gente.
Andrés Manuel aprieta los labios con emoción y hace los ojos chiquitos cada vez que la gente le grita "No estás solo".
Cuántas veces he oído decir que es gente acarreada; pero eso sólo lo puede decir quien no ha estado ahí.
(Gracias Israel Rosas por prestarme tu telefoto)
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Y vi otras cosas francamente chidas, como sólo nosotros sabemos ser:
Una perrita ñoña usando moños tricolores…
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un sofá elegantioso en pleno campamento ("¡pásale un ratito a la sala!")...
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un torneo de ajedrez sobre Madero...
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un cinito... (aunque había decenas a lo largo del plantón)
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una mala imitadora de Gloria Trevi...
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y los infaltables Pejesouvenirs, de a veinticinto varitos.
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Vi a la gente llenar el Zócalo, como cada día, un miércoles a las 8:30 de la noche, con lluvia, saliendo del trabajo, teniendo que chambear al día siguiente.
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Y a gente totalmente encabronada, pues.
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Vi a mi México de siempre, pero diferente: más golpeado, pero paradójicamente más fuerte
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Manteniendo una lucecita de esperanza; decepcionados de la política, de la justicia, de la ley, pero con profundo amor a su país.
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Por eso, con un poquito de nostalgia, le dije adiós al plantón.


  • Fotos de las manifestaciones afuera del Trife aquí
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