1- Hace cinco años llegamos a vivir a Los Ángeles, nada más y nada menos que al barrio de Hollywood. El mismo lugar en donde cada año se hace la entrega del Oscar; donde se encuentran las huellas en cemento de Marilyn Monroe y las estrellas de los Beatles, de Elvis y de Pedro Infante en el Paseo de la Fama.
Cuando vives en Hollywood, cada vez que vas a la esquina por leche te encuentras una limosina; la gente se toma fotos en la esquina de tu casa, viajan desde otros países para estar ahí. Pero para mí, olvídense del “glamur”: el momento culminante fue cuando descubrí que a tres cuadras de donde vivía se encontraba este lugar:
Los estudios Jim Henson.
2- No concibo mi infancia sin Plaza Sésamo. Mi primera precocidad infantil fue leer, primero las letras y después la hora en el reloj; tenía tres años y la mayoría de la gente no le creía a mi madre cuando les decía “mi hija sabe leer”. Una directora de kinder me tuvo que aceptar en su escuela antes de tener la edad reglamentaria nomás por haber dudado de tal afirmación. Mi madre sigue creyendo que eso fue porque su hija era muy lista; yo lo atribuyo, sin duda, a Plaza Sésamo.
5- Bravo, bravo Jim Henson, donde quiera que estés.
(Ah, y sobre el patito de hule: a mí me chocaba esa pieza, pero ¿quién no la recuerda?).