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miércoles, junio 20, 2007

Recado del regreso (o: recado para los ojos)

Marcha Migrante, días 14-16, el regreso: “We are beautiful people, we don’t deserve this!”
El evento en San Antonio fue prácticamente el último de la Marcha Migrante fuera de California, de donde salió la caravana. Enrique Morones, el director de Angeles de la Frontera, había pedido desde varios días antes una entrevista con Bill Richardson, gobernador de Nuevo México y quien hoy es precandidato del Partido Demócrata a la presidencia (no va a ganar la candidatura, pero si por alguna extraña razón lo hiciera, podría ser el primer presidente latino de Estados Unidos).
El caso es que estando en San Antonio y siendo martes por la tarde, le avisaron a Morones que la cita con Richardson sería el miércoles a las once de la mañana. Es decir, había que manejar casi 800 millas y dormir no más de 4 horas para estar a tiempo en Santa Fe, Nuevo México, con el gobernador.
Varios integrantes de la caravana se quedaron en Texas y sólo cinco incluyéndonos a nosotros, distribuidos en dos carros, continuamos. Russel y Matthew, que hicieron el recorrido desde el principio y pensaban regresar con nosotros a San Diego, decidieron adelantarse y esperarnos allá. Fue el momento más flojo y más triste del viaje.

Salimos mientras atardecía y nos empezamos a despedir de Texas, y una vez llegando a Nuevo México vimos que todo estaba en contra: en medio de la noche y de un camino semirural, empezó a caer una tormenta monumental. Morones decidió continuar manejando así y detenerse a dormir cuando empezara a amanecer; nosotros optamos por rodear un poquito pero irnos por un freeway principal, algo más seguro, hasta llegar a Las Cruces, cerca de El Paso, para dormir ahí y continuar manejando de madrugada. Lamenté un poco que el cambio de planes también nos obligó a cambiar de ruta, por lo que no pasamos por Roswell, uno de los puntos que más me atraía del recorrido; pero lo que siguió hizo que valiera la pena.

A la mañana siguiente reanudamos el camino y oh sorpresa: una nevada tamaño Nuevo México cayendo justo sobre mí, que nunca, nunca, nunca en la vida había visto nevar. Era 14 de febrero, que para todo el mundo es el Día del Amor, pero pues para mí desde ese día es el Día de la Nieve.

En la carretera, entre Las Cruces y Albuquerque

Denle click a esta imagen de abajo. Dice Diego que segurito en Nuevo México nació el puntillismo

Por supuesto, por más que nos apuramos, no llegamos a la cita con el gobernador. Ni lo intentamos. Después de quince días de megafriega y lágrima y neto una chamba bien intensa, decidimos darnos chance. Nos estuvimos parando a cada rato a tomarnos fotos, al fin y al cabo era el Día de la Nieve.

¡Feliz Día de la Nieve!
Cuando finalmente llegamos a Santa Fe, que es precioso, nos reunimos con los demás y empezamos a manejar para regresar de un jalón. En el camino, esto es lo que vimos:



Ruth, Paul y Enrique en una escala para poner una cruz en memoria de los migrantes muertos en Nuevo México



Fue de verdad muy impresionante ver cómo en menos de 24 horas el camino fue cambiando hasta convertirse en esto:


Y después de la extenuante jornada de dos semanas, la visión de un país que tiene tanto que ofrecer, tanto espacio para todos, fue bien esperanzadora.

Nuestro carro, el héroe de la película, papá
La Marcha Migrante culminó con un evento en el centro de Los Ángeles y uno en San Diego, el punto de donde salimos, dieciséis días, 25 ciudades y 5 mil 200 millas después.


Cerca de 150 personas fueron a la ceremonia final en San Diego, y en Los Ángeles quienes formamos parte de este grupo maravilloso hicimos una rápida sesión de balance: una sola voz es suficiente cuando de denunciar una injusticia se trata, pero en el caso de nuestros migrantes, las voces se deben escuchar fuerte, se le debe poner nombre y rostro a las cifras, y quienes hacen las leyes tienen que escuchar su corazón para poder entender lo que estamos diciendo acá afuera.


Al final del recorrido, todos nos llevamos grabada la frase que Francisco, a veces indignado, a veces nomás por romper el silencio atacado de la risa, repitió durante todo el viaje: “We are beautiful people, we don’t deserve this”.
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Pueden encontrar todos recados de la Marcha Migrante AQUÍ

lunes, junio 11, 2007

Recado del cumpleaños de Paul

Marcha Migrante, día 13. San Antonio, Texas.

“Hoy es mi cumpleaños; cumplo 63 años y estoy muy contento de estarlos celebrando con este grupo de gente consciente, que busca el respeto y la dignificación para todo el mundo, más allá de Estados Unidos y su frontera”.
Paul Criswell era el espiritual del grupo. Vestido siempre de blanco, Paul es una combinación de yogui, hippie y faquir, que come poco, habla poco, es tolerante y disfruta el camino. Cuando sale el sol se quita la camisa y cuando sopla el viento cierra los ojos. En cada lugar busca hierbas y hojas; se sabe los nombres científicos de las plantas y a veces se las come. En el grupo le apodaron “breatharian” porque según la banda se podría alimentar de aire, y porque el tipo asegura que él puede ayunar por semanas.

Paul se sumó a la Marcha Migrante II “porque está formada por gente que es voluntaria, que no tiene intereses partidistas. Es acerca del espíritu de unificación”. Bueno, el caso es que ahí andaba. “Creo que es importante el trabajo que estamos haciendo porque vamos más allá de las fronteras físicas” me dijo ese día en San Antonio, cuando supimos que era su cumple. “Estamos derrumbando fronteras mentales y emocionales para unirnos como una sola familia y una sola raza, porque todos somos uno”.

Paul estuvo el año pasado en la Marcha Migrante I, que fue desde San Diego hasta Washington. Para él, el evento más conmovedor de aquel recorrido fue la visita al cementerio de Holtville, California, en donde yacen los migrantes que murieron sin ser identificados. Este año le gustó el evento en el poblado de Mission, donde la comunidad recibió al grupo con una ceremonia con velas en una iglesia antigua. Y como esta marcha se trataba de recopilar historias de migrantes, pues me contó cuenta la suya.
“Mi madre vino de Rusia, y mi padre estaba en el ejército, en una asignación en China. Se conocieron ahí, en una colonia rusa donde vivía mi madre y él se quiso casar con ella, pero sus superiores le dijeron que no podía porque no lo dejarían regresar a Estados Unidos. Siempre ha habido prohibiciones, pero él decidió correr el riesgo”.

Enrique y Russel colocan cruces para la ceremonia en San Antonio
Los integrantes de la caravana participaron en una ceremonia realizada en el Parque Millam de San Antonio, en la que hicieron un llamado a las autoridades para que se busque una reforma migratoria justa y para que cese la militarización de la frontera.

“Este es un asunto en el que el movimiento laborista debe apoyar fuerte, porque estamos hablando de millones de trabajadores que han construido billones de dólares en Estados Unidos”, dijo Jaime Martínez, presidente del Consejo Laboral de Base Latinoamericano en Texas de AFL-CIO, la central sindical más importantes del país. “Cuando llegaron los primeros inmigrantes de Europa, irlandeses, italianos, alemanes, trabajaron y construyeron este país con sudor y sangre; no hay ninguna diferencia entre ellos y los que cruzaron el río”.

sábado, junio 09, 2007

Recado de los niños en prisión

Marcha Migrante, día 12. Taylor, Texas, Centro de Detención Hutto

El letrero de la entrada, que describe al centro de detención T. Don Hutto como “residencia familiar”, contrasta con los muros exteriores del edificio, altos, sin puertas ni ventanas, con tres capas de reja y malla ciclónica con puntas de navaja rodeándolo que hacen que se vea, en efecto, como una prisión.

Estas instalaciones, que pertenecen a la empresa Correction Corporations of America, operan desde abril de 2006 como centro de detención para familias gracias a un contrato firmado con el gobierno federal de Estados Unidos. Ahí se encuentran inmigrantes presuntamente indocumentados de cualquier nacionalidad excepto mexicanos (Other Than Mexican, OTM es el nombre formal con el que se les cataloga), esperando ir a la corte para enfrentar un proceso de deportación.
La “innovación” de ese lugar es que a los detenidos se les permite tener con ellos a sus hijos menores de edad, supuestamente con el fin de promover la integración familiar; sin embargo desde el inicio de las operaciones del centro, grupos de activistas empezaron a denunciar las condiciones en que viven estas familias, similares a las de una prisión, con los chavitos viviendo en un ambiente carcelario sin haber cometido delito alguno.
El lunes 12 de febrero la caravana de la Marcha Migrante se sumó a una vigilia realizada por grupos activistas frente a Hutto para pedir su cierre. Rosa Rosales (sí, así se llama), presidenta nacional de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC), me contó que quienes han hecho las denuncian relatan que a los niños les ponen uniformes de prisión con una etiqueta con su nombre y los ponen en cuartitos de prisión, niños de cinco, seis, siete años. “Creen que nos están haciendo un favor porque siempre pedimos que no separen a las familias, pero para mí es una vergüenza que en este país los niños sean tratados como criminales”, me dijo Rosa.

Rosa, presidenta nacional de LULAC, encabezando a manifestantes que exigen el cierre del centro
Aunque no ha sido posible obtener una relación de las nacionalidades de los 380 detenidos en el lugar, de los cuales más de 200 son niños, pero se sabe que provienen de más de 20 países, y que entre ellos hay al menos tres familias de origen palestino. Estar en el lugar me recordó que el drama de los indocumentados y las deportaciones no es exclusivo de los mexicanos, que son muchas las pequeñas tragedias familiares debidas a la imbecilidad de quienes no buscan una solución al problema migratorio.

Manifestantes frente al centro de detención. Los guardias no les permiten pararse del lado de la acera donde se encuentra el edificio
Debido a las denuncias por las condiciones en las que se tiene a las familias, las autoridades del centro habían realizado unas días antes un recorrido para los medios de comunicación. No me tocó estar ahí, pero platiqué con el Daniel Lai, reportero del diario local Taylor Daily Press, quien me contó que a los periodistas se les prohibió entrar con grabadoras, micrófonos y cámaras fotográficas o de video, y que no se les permitió hablar con ninguno de los detenidos o sus hijos.
“Nos mostraron los salones de clases, el lugar donde se les da atención médica a los detenidos y uno de los cuartos, que son chiquititos, con una litera, un retrete y a veces una cuna junto al retrete”, me contó Daniel. Según la información que él obtuvo, aunque las puertas de los cuartos están abiertas de día, por las noches las cierran cuando llega la hora de dormir, 9:00 PM para los niños y 10:00 PM para los padres. Si alguien atraviesa la puerta un rayo láser acciona una alerta para que los guardias acudan al lugar, aunque las autoridades aseguran que es por protección de los niños. Es el trato a estos delincuentes, cuyo delito fue llegar a ese país a buscar una vida mejor.
Cuando busqué hablar con alguna de las autoridades del centro de detención para pedir una entrevista, los guardias de seguridad se portaron como celadores de un campo de concentración. No dejan que nadie entre, ni siquiera al estacionamiento; cuando me “colé” y llegué a la primera puerta, que tiene una reja capaz de impedir el paso de un ejército extraterrestre, la capitana a cargo empezó a dar de gritos sin escucharme, amenazándome. Con un timbre abrió una reja y dos guardias me llevaron afuera del estacionamiento. Pero siguen diciendo que no es una prisión.

Matthew Dehnel, quien viajó con la caravana desde San Diego, prende velitas para la vigilia frente a la prisión
Curiosamente unos días antes, cuando platicamos con los agentes de la Patrulla Fronteriza, una agente de nombre María Araceli Keisel, que se encarga de los menores de edad que son detenidos sin documentos, me había contado que las instalaciones de Hutto son únicas en su tipo y están a la vanguardia en los centros de detención. “Es un sitio donde pueden estar con sus padres en lugar de ir a un hogar adoptivo”, me dijo en esa ocasión. “Ahí los niños cuentan con educación, les dan atención médica y es como un centro de convivencia”.
La realidad, al parecer, es bastante más obvia y menos idílica: estos centros de detención operan bajo una concesión del estado y por tanto, por cada persona detenida reciben dinero. Según estimaciones de LULAC, la operación de Hutto deja a Correction Corporations of America una ganancia cercana a los tres millones de dólares mensuales.

viernes, junio 08, 2007

Recado desde el muro

Marcha Migrante, Laredo, Texas; Del Río, Texas/Ciudad Acuña, Coahuila.

“Bienvenidos a nuestra comunidad Del Río-Acuña”. Las cerca de 80 personas que recibieron a la Marcha Migrante hablaban de las dos ciudades como si fuera una sola, como si no estuvieran en países diferentes, divididas por un río que marca una frontera en la cual el gobierno estadounidense pretende construir un muro.
“Eso es porque quienes toman estas decisiones no saben de la dinámica que vivimos quienes estamos todos los días en la frontera”, me dijo Jay Johnson, un activista que vive en Del Río, esta ciudad fronteriza con Ciudad Acuña, Coahuila, y que viajó hasta San Diego para sumarse a la caravana desde el principio. “Pretenden poner un muro; es como levantar una pared en medio de una casa, de una familia”.

Edificio en Ciudad Acuña, Coahuila. La comunidad de Del Río, Texas, nos recibió en su ciudad vecina.
Durante el recorrido de la caravana a lo largo de la frontera sobre el estado de Texas, la violenta irrupción de un muro en la vida cotidiana de esta gente era palpable a cada paso. En este estado los pequeños poblados en ambos lados han sido amigos, vecinos, hermanos durante siglos. No existe nada que les indique la diferencia entre una tierra y otra, y hasta antes de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, unos y otros cruzaban la frontera para realizar las actividades de una comunidad regional que tiene todo en común con los que viven en el país de enfrente.

Autoridades de ambos lados de la frontera reciben a la Marcha Migrante
Sin embargo con los cambios en las medidas de seguridad en la frontera, la realidad para esta gente se ha vuelto absurda. Por ejemplo, en el exclusivo resort Lajitas, en Texas, uno de los 100 mejores hoteles del mundo, todos los trabajadores vienen de los pequeños poblados vecinos en México. Del lado americano no hay pueblos en varias millas a la redonda, así que la relación beneficia a ambas partes: del lado mexicano no hay empleo, del lado americano se necesita la mano de obra. El problema es que tras los cambios en los reglamentos está prohibido que la gente que vive en el lado mexicano cruce a Estados Unidos por puntos que no sean una garita oficial; y la más cercana para esta comunidad está a dos horas por tierra. Es decir, en lugar de cruzar en quince minutos, tienen que desplazarse casi cuatro horas para ir a trabajar, y de regreso. Por supuesto nadie lo hace: la gente sigue cruzando por donde siempre y el dueño del hotel, como protesta simbólica, ha instalado uno de los hoyos de su campo de golf en territorio mexicano. Este es sólo un pequeño ejemplo de lo absurdas que son las leyes escritas desde los cómodos sillones de Washington por quienes no conocen la realidad en la frontera; ahora los paisanos hacen lo mismo que han hecho durante décadas, pero hoy eso los convierte en delincuentes.

Vean esta serie de letreros. ¿Alguien adivina en qué lado de la frontera están?

En otro punto de la marcha, cuando llegamos a Laredo, Texas, la ciudad se preparaba para la celebración más importante del año: el 17 de febrero, día del nacimiento de George Washington, cuyo momento cumbre es la ceremonia del Abrazo. Los habitantes de ambos lados de la frontera, Laredo en Estados Unidos, Nuevo Laredo en México, cruzan el puente que une ambas ciudades y justo a la mitad se dan un abrazo de amistad.
“Ese día se para el tráfico en el puente internacional y la gente de aquí va a encontrarse con la de allá”, me explicó Juan Ramírez, vicealcalde de Laredo. “Del otro lado vienen autoridades locales, senadores, diputados, muchísima gente, y de aquí va casi todo el pueblo. Un niño y una niña de México, vestidos él de charro y ella de China Poblana, encabezan al grupo, y de este lado igual, un niño y una niña vestidos a la usanza tejana. En el momento más importante, justo a la mitad del puente, se abrazan”.
Este ritual lleva 105 años celebrándose en el cruce fronterizo. Y ahí, en medio de esas dos comunidades, el gobierno estadounidense pretende construir un muro. “Nosotros nos oponemos”, dijo tajante Ramírez, quien el 7 de febrero recibió a la caravana en la plaza central, donde se agolpan los jornaleros mexicanos ofreciendo sus servicios a quienes se paran en el lugar. En el centro de la plaza, un monumento al general Ignacio Zaragoza recuerda que la relación con México es parte de la esencia de la comunidad.

La frontera entre Texas y Coahuila. Ni una línea, ni una señal visible que nos diga dónde empieza un país y dónde termina el otro. El proyecto es que el muro también pase por aquí.
Cuando la caravana se dirigía a Del Río, nos contaron que esa área de Texas es conocida con el nombre de “Amistad”, y así es como lo anuncian los letreros junto a la garita: “Bienvenido a la región de Amistad”. Por ahí también se pretende que pase el muro.


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Justo hoy que estoy subiendo este recado de la Marcha Migrante correspondiente al pasado febrero, el Senado de Estados Unidos ha desechado la propuesta de reforma migratoria que sacaría de la obscuridad a 12 millones de trabajadores indocumentados. Qué rabia, qué vergüenza.

martes, junio 05, 2007

Recado de costa a costa

Marcha migrante, día 9: McAllen-Brownsville, Texas

Cuando Lupita Santana llegó a Texas, proveniente de su natal Tamaulipas, se encontró con las dificultades habituales para un migrante indocumentado: encontrar un lugar donde vivir, la búsqueda de un documento falso para poder trabajar, hallar un empleo que más o menos permita ir saliendo. Pero cuando verdaderamente le caló, fue cuando su hija mayor empezó a ir a la escuela: según lo cuenta la propia Lupita, tuvo que ocultar que era su mamá para que a la niña no le negaran la educación por ser hija de una “ilegal”.
Esta historia forma parte de las decenas que la Marcha Migrante recopiló durante su recorrido de una semana a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos. Historias de migrantes, de sus familias, de autoridades, de la gente que vive día a día con los temas migratorio y fronterizo, y que ve afectada su vida cotidiana por las decisiones que se toman en Washington.

Un grupo de simpatizantes recibe a la caravana en Pharr, Texas
Como la de Diana Joe, descendiente de un indígena purépecha de Michoacán y abuela de dos nenas que a su vez descienden de indígenas navajos, que cuando llegamos a Pharr, Texas, se paró frente a la gente llena de emoción: “Yo traigo la voz del indígena. Muchos de ustedes han oído alguna historia de algún familiar indígena de México, de Centroamérica, de Sudamérica. Yo estoy comprometida a conservar su cultura viva y fuerte, porque es un derecho constitucional”, soltó de pronto, haciendo alusión a los indígenas que al migrar sufren una doble discriminación, por ser migrantes y por ser indígenas, precisamente.

Diana
O como la historia de Fermín Leija, quien cruzó la frontera desde Tamaulipas para incorporarse a la Marcha Migrante, porque recuerda sus tiempos de bracero en California, allá por los años sesenta. O como la de la mujer que envió una carta para recordar a su hijo muerto en la frontera. O como decenas, cientos, miles de historias más esperando ser escuchadas en este país.

Enrique Morones, director de Ángeles de la Frontera, con un grupo en McAllen
“A mí me decían ‘no puedes registrar a tu hija para ir a la escuela porque eres una ilegal’”, recordó Lupita, “así que mis suegros agarraron a mi hija, y para mí era muy difícil verla presentarse en la escuela y tener que esconder que yo era su mamá, porque tenía miedo”.
La caravana pasó por la ciudad de McAllen, donde se sumaron cerca de 40 personas, entre ellos esta joven mamá. Con un chorro de emoción, Lupita contó ante los demás cómo aun cuando su familia pudo regularizar su situación migratoria, la gente seguía diciéndole que su hija no podría ser “alguien”.

Lupita
“Cuando entró a la preparatoria su deseo era ser maestra, pero le decían que no podía por no ser ciudadana”, nos contó. “Yo la apoyé para que cumpliera su sueño, y ella salió adelante: hoy es una maestra y da clases en Elsa, Texas. Lo que yo quiero decir es que nosotros los migrantes, cuando venimos aquí, venimos a hacer un cambio; no venimos a estirar la mano para que nos den nada, sino que nosotros venimos a dar mucho a este país, porque es un país de inmigrantes”.
Finalmente, el viernes por la tarde la caravana cumplió con la primera mitad de su recorrido al llegar a la costa este, en Brownsville, Texas.


Los 25 automóviles que salieron el 2 de febrero de la garita de San Ysidro se fueron convirtiendo en 13 el segundo día, 10 el tercero, ocho el quinto, hasta llegar a seis el jueves por la noche. Sin embargo el viernes por la mañana, cerca de 20 vehículos se sumaron a la caravana en McAllen, de manera que una larga fila de vehículos atravesó por esa zona del Valle del sur de Texas hasta la costa, ante la mirada sorprendida de algunos y el entusiasmo de otros que habían escuchado en las noticias sobre la visita del grupo.



El día que llegamos a la otra costa estuvo lleno de bruma. Del Océano Pacífico azulísimo el día soleado en que salió la marcha, pasamos a la bruma marina del grisáceo Golfo de México. Pero creo que en todos los que íbamos en el grupo, la sola idea de haber cruzado el país a través de su frontera, llena de cicatrices y esperanzas resultó bien revitalizante para el pesadísimo camino de regreso frente a nosotros.

Brownsville, Texas
“Hay ocasiones en que la gente dice que una sola persona no puede cambiar las cosas, pero nosotros creemos que sí”, me dijo Enrique Morones, el director de la organización Ángeles de la Frontera, durante la ceremonia realizada en Brownsville. “Tal vez una de estas historias que nos están entregando, la del niño que se quedó en la escuela esperando a su padre que no llegó porque fue deportado, o la de la madre que aún espera a un hijo que tal vez murió en el desierto mientras cruzaba la frontera, pueda tocar el corazón de los congresistas que están indecisos y lograr que aprueben una reforma migratoria humana e incluyente”.
Ojalá; ojalá una historia de esas lograra aliviar la incertidumbre para los otros miles de historias en espera de un final feliz.



Pueden encontrar los recados anteriores de la Marcha Migrante AQUÍ

martes, mayo 29, 2007

Recado desde la Roma militar

Marcha Migrante, día 8: Roma, Texas

Víctor y Ruth son ciudadanos estadounidenses. Durante la Marcha Migrante, ambos viajaban en el mismo carro como parte de la caravana que recorrió toda la frontera entre México y Estados Unidos, desde San Diego hasta Brownsville y pa’trás. Al llegar a un retén de la Patrulla Fronteriza, el agente les preguntó a ambos si eran ciudadanos americanos, y los dos contestaron que sí. A Víctor, quien es de origen mexicano, le pidieron un documento que lo comprobara. Víctor entregó su licencia de manejar; el agente la deslizó por una computadora y le preguntó el apellido de soltera de su mamá, una de las preguntas de confirmación de identidad que se usan en Estados Unidos.
A Ruth, de origen anglosajón, no le pidieron nada.
“Es tan ofensivo, tan doloroso, tan anticonstitucional”, me dijo Ruth unos días más tarde, mientras estábamos en el hermoso pueblo de Roma, Texas, en la frontera con Nuevo León. “Me dio mucha pena ver el trato que le dieron a Víctor sólo porque ‘parece’ mexicano. Los dos hemos vivido el mismo tiempo en este lugar. Me sentí muy avergonzada de mi país”.


Ruth, Enrique y Paul caminan por las calles de Roma frente a agentes de la Patrulla Fronteriza
Un par de días después de que Ruth me dijo eso, la Marcha Migrante estuvo en una conferencia que dio Randy Hill, director de la Patrulla Fronteriza en el sector Del Río, Texas. Según Hill, los agentes de esta organización no se basan en ningún tipo de perfil para realizar las detenciones y se encuentran entrenados para no violar los derechos de las personas cuando hacen una revisión. “That’s bull shit”, le soltó ese día Ruth a los que estaban en la conferencia. “Están siendo racistas durante las inspecciones, que no deberían de existir en primer lugar. No entiendo por qué tengo que ser constantemente revisada en mi país”.


El agente Ramos, integrante del cuerpo de élite Borstar de la Patrulla Fronteriza
Esta mezcla de indignación y sorpresa fue una constante para todos los que íbamos en la caravana desde que salimos de California y entramos a Arizona. Durante los últimos meses se ha hablado mucho de la militarización de la frontera, incluso en México se ha puesto el grito en el cielo, pero no te cae el veinte hasta que lo sientes de primera mano. Eso le pasó a la banda de la caravana.
La noche del jueves 8 de febrero el grupo pasó la noche en el poblado de Mission, un punto a orillas del Río Grande en la frontera entre Texas y Tamaulipas. En un parquecito el grupo durmió al aire libre, en casas de campaña –nosotros no estuvimos ahí porque nos adelantamos al siguiente punto para hacer unas entrevistas con activistas de una organización. El caso es que por la noche varias personas escucharon pasos junto al lugar donde acampaban y con sorpresa descubrieron a agentes de la Patrulla Fronteriza. “De noche, todos vestidos de negro, junto a donde estábamos nosotros, con su uniforme de combate en un parque público”, me dijo Francisco.
Si algo nos quedó claro durante nuestro paso por Arizona y Texas es que, mientras se debaten cuáles son las medidas que se deben tomar en la frontera, y el Congreso americano define si se asigna presupuesto o no para un muro, y el gobierno de México piensa si debe o no indignarse, la militarización de la frontera es una realidad con la que los que viven ahí tienen que lidiar cada día.
Lo vivimos cada día de los que pasamos por ahí. En Arizona, cuando a medianoche la Patrulla Fronteriza detiene a cada auto en los retenes que hay cada 30 millas para revisar cada parte del carro; a nosotros nos revisaron hasta una hielera, y ojo, no fue cruzando la frontera, fue sólo yendo sobre la carretera. O cuando por la autopista 10, de día y en plena hora pico, nos tocó ver de frente unos tráilers enormes llevando helicópteros militares hacia la frontera. O como en la franja fronteriza entre Columbus, Nuevo México, y Palomas, Chihuahua, donde además de los retenes que ya son habituales, se ven entre las montañas los vehículos verde militar que son parte de los 6 mil elementos de la Guardia Nacional desplegados en la frontera a partir del 2006 (aunque recientemente retiraron a algunos para mandarlos a Irak. No’mbre, si el gringo loco se las gasta…).
O como en plena carretera local en Texas, que a lo lejos se ve un globo enorme, y resulta ser un zeppelin teledirigido con cámaras en su interior. O cada vez que entras a un restaurancito, a una gasolinera, a una tiendita de recuerdos, y te topas con los militares sentados en la mesa junto a ti, en el hotel donde te hospedas, saliendo del baño…
Si para nosotros, que afortunadamente vivimos en este país con una situación migratoria regular, es intimidante, no me imagino la enorme, enorme presión que esto representa para nuestros paisanos indocumentados viviendo en esa zona del país.


Una de las anécdotas más comentadas en la Marcha Migrante fue la que tuvo lugar en el apacible pueblito de Roma. Al hacer una escala en un mirador desde donde se aprecia la belleza del Río Grande, en medio de calles por donde la gente camina como en cualquier pueblo, la caravana se topó de frente con un grupo de vehículos: los verde con blanco, de la Patrulla Fronteriza; los verde militar, de la Guardia Nacional. Entre estos últimos iba incluido un pequeño camión con una caseta montada en una grúa. Y en la caseta, apuntando hacia la frontera, una cámara de vigilancia de amplio espectro recuerda a los que pasan por ahí que sí, que estamos vigilados, que el ejército está ahí.


Francisco no entiende por qué nos lo tienen que recordar todo el tiempo. “Y por si quedan dudas, podríamos preguntarle al agente de la patrulla fronteriza qué hacía un rifle M16, de uso exclusivo del ejército, en el asiento delantero de su carro”.
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domingo, marzo 11, 2007

Recado de Esequiel

Marcha Migrante, día 6: Frontera entre Texas y Chihuahua


El 20 de mayo de 1997 Esequiel Hernández cuidaba a los chivos que eran propiedad de su familia a cien yardas de su casa en el pequeño poblado de Redford, sobre la frontera entre México y Estados Unidos, cuando una bala disparada por un marine le quitó la vida. Seis días antes, Esequiel había cumplido 18 años.

El joven llevaba una escopeta con la cual ahuyentaba a los coyotes o las serpientes que podían atacar a su rebaño. El marine que le disparó argumentó que lo hizo porque Esequiel disparó primero y pensó que lo estaba atacando (Esequiel al marine), aunque la autopsia reveló que el joven miraba hacia el lado opuesto de donde estaban los militares al momento de recibir el disparo.
El episodio causó tal polémica que hasta la fecha es mencionado como un argumento en contra del despliegue militar en la frontera y hace tres años dio lugar a la historia en la cual se basa la película Los Tres Entierros de Melquiades Estrada, dirigida por Tommy Lee Jones.

“Murió sin razón por la militarización de la frontera ya desde entonces”, dijo Benigno Peña, uno de los integrantes más chidos de la caravana de la Marcha Migrante, parado frente a la tumba de Esequiel.
Benigno es el fundador y presidente del Concilio de Inmigración del Sur de Texas, STIC por sus siglas en inglés. “Le pusimos así porque suena como stick (palo), para que sepan que vamos a usarlo como herramienta para darle de golpes en la cabeza a la migra”, explica divertido.

En sus oficinas, Benigno asesora a la comunidad inmigrante para que resuelvan sus asuntos de inmigración y les ayuda con los trámites de residencia o ciudadanía.

Enrique Morones y Benigno ponen una cruz en la tumba de Esequiel

Benigno viajó desde McAllen, Texas, cerca del Golfo de México, hasta San Diego, California para realizar todo el recorrido con la Marcha Migrante desde el principio. Pero de todos los puntos programados para visitar, el que más le interesaba era la tumba de Esequiel.
Según lo que me explicó Benigno, el condado de Presidio, al cual pertenece Redford, fue conocido a finales de la década de los noventa por ser un sitio de intensa actividad por parte de los grupos del narcotráfico. Con este pretexto las fuerzas armadas estadounidenses fueron desplegadas en la región, dizque para dar seguridad a los habitantes de la zona, aunque los lugareños aseguran que no existe narcotráfico en su pueblo.

“A Esequiel no lo mataron los narcos, lo mató un marine cuando él no estaba haciendo nada. Y lo mató en su propio país, porque Esequiel era ciudadano americano”, recordó Peña, quien el día de la visita se levantó antes que todos para ir a comprar unas flores para la tumba de “Zeque”. “Por eso vamos a hacer todo lo posible porque salga el ejército de nuestras comunidades, porque no conocen la vida en esta zona y no tienen nada que hacer aquí. No estamos en guerra con México”.

Desde el cementerio se ve el lugar donde mataron a Esequiel, justo bajo la flechita

Pues no, no estamos en guerra, y aún así la militarización en la frontera se vive a cada paso cuando uno anda por ahí. No dejen de leer el próximo recado para que vean lo que es militarización y no fregaderas (o más bien, para que vean la gran fregadera ocurriendo en la frontera).