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jueves, noviembre 26, 2009

Recado de Thanksgiving


1- Como lo he dicho en años anteriores, para mí la costumbre más linda del pueblo estadounidense es sin duda el Thanksgiving o Día de Acción de Gracias. Dentro y fuera del país se cuestiona el origen de la celebración –los peregrinos venidos de Europa que agradecían la hospitalidad de los indios americanos a cuyas tierras llegaron… para luego matarlos y casi exterminarlos-, y evidentemente condeno el pasaje histórico como lo hace la mayor parte de la gente pensante. Sin embargo la práctica de esta costumbre poco tiene que ver con esa historia, y mucho con la necesidad natural del ser humano de hacer un alto de vez en cuando, verse a sí mismo, y agradecer las bendiciones que ha recibido. Para mí, este es ese día.

2- Me gusta el Thanksgiving porque es una celebración que no implica la compra de regalos. Aunque en los años recientes los grandes almacenes han adoptado la tradición de poner en oferta todo lo que venden, la celebración propiamente del día transcurre en los hogares, y consiste en cenar en familia y dar gracias por lo que se tiene. Dada la diversidad cultural y religiosa de los estadounidenses, no hay otra ocasión en la que ocurra lo mismo: cada quien celebra su fiesta religiosa en distinta fecha, pero en todo el país, vengas de donde vengas, el Thanksgiving saca lo mejor de las personas.

3- Tradicionalmente también, las organizaciones que apoyan a las personas desvalidas realizan un doble esfuerzo en estas fechas. Personas que no tienen casa, o que pasan por apuros económicos fuertes, o que simplemente tienen hambre –y yo no puedo imaginar angustia mayor que esa- acuden a recibir un plato de comida caliente y a veces bolsas o canastas con despensas y productos básicos; los niños reciben algún regalito. Este año me tocó ir a algunos de estos sitios, y todas las personas con las que hablé coincidieron: hay más gente pidiendo ayuda, en algunos sitios hasta en un 80% por arriba del año anterior, pero también hay más gente brindándola. Al parecer, en tiempos de gran necesidad, quienes tienen algo reconocen que han sido bendecidos, y entonces deciden compartir.

4- Para nosotros este año ha sido particularmente especial. En mi caso personal es sin duda uno de los mejores de mi vida, y lo noto más porque veo la situación de quienes están a mi alrededor y a quienes no les ha ido muy bien. Más de una decena de amigos cercanos se encuentran desempleados ahora –sí, la crisis en este país aún no termina y no parece tener fin; estamos hablando de profesionistas, gente con mucha experiencia y preparación, sin empleo en absoluto; yo nunca en mi vida había visto algo así.
Y nosotros, a pesar de que estamos percibiendo menos ingreso y trabajando jornadas más largas, seguimos recibiendo un cheque cada mes; tenemos buena salud, tenemos familias amorosas y saludables también; tenemos amigos -sin duda la mayor bendición- y trabajamos en lo que nos gusta. No sé si merecemos tanto, pero no hay día que pase sin que lo agradezcamos de corazón.

5- A veces los tiempos difíciles parecen aplastarnos, ¿no? El peso de la vida cotidiana, de los problemas, de la injusticia. Pero tomándonos un tiempo para mirar con objetividad, empezando por el plato en nuestra mesa de cada día, de veras: cuánto que agradecer.

sábado, julio 04, 2009

Recado con largas consideraciones sobre el voto nulo (guía para anular el voto)


1- Guía para anular el voto:
a) El primer requisito es que usted no tenga idea de quién es su diputado actualmente, ni su legislador local (en el caso del DF, su asambleísta). Como usted no tiene ni idea de quién lo representa en el Congreso, usted nunca le ha llamado por teléfono, enviado una carta o visitado en San Lázaro.
b) Cuando lo cuestionen sobre esto, usted debe responder: “A mí no me importa quién es mi diputado porque esos güeyes no me representan”; de esa manera justifica su falta de participación ciudadana durante los últimos tres años. Punto extra si añade algo así como “yo ni voté en 2006” o “a mí me caga la política”.
c) Empiece usted a hablar en tantas ocasiones como le sea posible sobre el voto nulo. Diga con tono doctrinario que con eso le daremos una lección a los políticos, que con eso lograremos que el sistema de partidos cambie. Cuándo le pregunten por qué, cite a Denisse Dresser o a José Antonio Crespo; mencione la metáfora de la fruta podrida. Si es usted muy culto y osado cite a Lorenzo Meyer o a Sergio Aguayo. Nunca dé un razonamiento propio. O mejor aún, invéntese uno aunque usted no tenga ni idea de lo que marca la ley. Por ejemplo, invente que con cierto porcentaje de voto nulo se anulan las elecciones (aunque de ser cierto eso no serviría para un carajo); o asegure que sin el 50% de los votos los políticos tendrían que llamar a una segunda vuelta. Cuando le pregunten la fuente, cite al Cofipe muy seguro de usted mismo; al fin que quienes lo están cuestionando tampoco lo han leído .
d) Si usted ha tenido una vida más o menos solitaria, este es el momento de hacer amigos. Debata en las redes sociales y en las cantinas usando sofismas muy bien elaborados. Mire con condescendencia a quienes pretenden argumentar por qué es necesario conocer a los candidatos. Mejor aún, acúselos de panistas o de retrógrados.
e) Planee una fiesta post-voto-nulo.
f) Si usted participó en “movimientos” como el voto útil en 2000 o la marcha blanca contra la inseguridad el año pasado, seguramente está usted convencido de que “somos muchos los que pensamos así, esta vez sí vamos a hacer un cambio, finalmente la sociedad está reaccionando”. No pierda la fe.
g) Este 5 de julio vaya a las urnas. Marque su voto de manera que quede anulado. Si quiere escriba en él “esperanza nula” para sentirse parte de algo más. Pídale a un amigo que le tome una foto mientras deposita la boleta en la urna. Haga un post sobre lo bien que se sintió pateándole el culo a los políticos.
h) Desentiéndase de la política de aquí hasta el 2012 mientras los diputados que llegarán al Congreso se siguen gastando su dinero (sí, el de usted). Total, ellos no lo representan, y usted ni votó por ellos.

2- Llevo varias semanas observando con mucho interés la campaña esta. Me he abstenido de escribir porque todo lo que tenía que decir lo dije a su tiempo en este post. Sin embargo algo que me parece muy, muy bueno, es que por primera vez desde que tengo memoria electoral, la gente está hablando sobre las elecciones durante una elección intermedia. Esto no ocurre normalmente; se debate en las presidenciales, incluso dos años antes de ellas, pero las legislativas nadie, nadie las pela.
Esto es bueno porque el abstencionismo ha caracterizado a las elecciones intermedias. Y como es sabido, el abstencionismo es el aliado número uno de los grupos en el poder: ellos tienen la fuerza del acarreo, el ciudadano con libre albedrío no vota, ergo ellos se quedan en el poder (en el caso del PAN) o regresan a él con más fuerzas (en el caso del PRI). A mayor participación en las urnas, mayor democracia, por malos que sean los partidos; es una sabida cuestión de matemática simple.
El problema para mí sigue siendo que muchos de los entusiastas del voto nulo lo están haciendo sin realmente haber buscado información sobre quiénes los representan actualmente, o sobre quiénes son sus candidatos. He leído infinidad de argumentos de lo más imbéciles al respecto. A alguien que me decía una vez que los diputados no rinden cuentas le pregunté: “¿Tú sabes quién es tu diputado?”. Me respondió: “No ni me importa porque no me representa”. Bueno, una cosa es que no votaras por él, pero él tiene tu representación en el Congreso; es decir, cada vez que el tipo levanta la mano para votar por algo, lo está haciendo a tu nombre, te guste o no. Si nunca has ido a preguntarle “óigame pendejo, ¿por qué votó usted así?”, o mejor aún, si nunca le has llamado antes de una votación para exigirle que vote como tú quieres, ¿con qué argumentos afirmas que no rinde cuentas? Ellos nunca van a rendir cuentas si no se las pedimos; el problema es que a la gente le da hueva investigar quién es su diputado.

3- No niego que es atractiva la euforia de “miren, vamos a darle una lección al mundo y a los diputados, vamos a movernos chavos, yo no quiero fruta podrida, yo no quiero votar por el menos malo, que los partidos sepan que no nos representan, somos bien alternativos, vámonos a chupar”. La neta, hasta se me estaba antojando ir al DeFe nomás para ver el numerito. Es una lección moral que posiblemente, si la participación en este sentido es elevada, trascienda. El problema es que en la práctica no cambia nada. El voto nulo no cuenta, el voto nulo no anula una elección, el voto nulo no le resta votos proporcionales a nadie, el voto nulo no debilita a los partidos; lo ideal sería un equivalente al “que se vayan todos” argentino, pero el voto nulo no va a lograr eso. Para efectos prácticos, el voto nulo equivale al abstencionismo. No para efectos de participación ciudadana, estamos claros y ya lo dije dos párrafos arriba: esa parte me gusta. Pero para efectos de práctica política, de quiénes tomarán las decisiones en nuestro país, el voto nulo equivale a no haber ido a votar y a dejar que el acarreo ponga en su curul a los que van a manejar nuestro dinero y decidir nuestro futuro los próximos tres años.

4- A mí me hubiera gustado en estos días escuchar argumentos de la gente con la que he debatido que no repitieran como perico a Denisse Dresser. Me hubiera gustado escucharlos hablar de sus diputados, con nombre y apellido, y de por qué no les gustó lo que hicieron en la cámara. Me hubiera gustado que me dijeran “mis candidatos son tal y tal, y ninguno me convenció porque tal y tal”; pero que hubieran sabido los nombres, que hubieran entrado en contacto con ellos, y que después de informarse tomaran una decisión. Lamentablemente son pocas, poquísimas las personas en esa posición; con esa información el movimiento del voto nulo hubiera tenido algún sentido, pero creo que con la apatía se está dejando pasar una oportunidad de oro.
A mí la señora Dresser en general me caga por este modito que tiene de contraponer conceptos y redactar melódicamente, algo que al parecer le ha dado mucha popularidad. “Tenemos políticos que esto, pero que no esto. Y que esto, pero que no esto. Y tal cosa cerca, pero tal cosa lejos. Y uno es azul, pero el otro es rojo. Blablubli, blablabli”. Sí, es pegajosito y en el fondo puede tener razón; pero por favor, ningún opinólogo está en lo correcto todo el tiempo. El argumento de Dresser es flojo: empieza preguntándole a la gente si sabe quién es su diputado, qué iniciativas presentó, a dónde viajó, y responsabiliza de la falta de este conocimiento al “sistema político electoral”. Nunca responsabiliza al votante que puso a ese diputado donde está, nunca apela al lector para decirle: “¿Usted ya le preguntó a su diputado?”. Denisse dice que la gente está “insatisfecha, descontenta, descorazonada” porque no sabe por quién votar, pero nunca dice que es obligación de la gente investigar quiénes son sus candidatos mucho antes de la elección. Denisse dice que en el sistema actual los diputados “una vez que lleguen ahí pueden ignorarnos sin costo”, pero no dice que esta vez lo volverán a hacer porque el voto nulo no tiene un costo político para ellos, sólo un costo moral. Y finaliza con esta joya: “Los partidos aseguran que nos representan, cuando no es así”. Ese es el mayor problema: que la gente, incluso los iluminados intelectuales, siguen pensando en que la gente debe votar por partidos, no por personas. Por eso, por eso estamos jodidos.
Ahora, hay cosas en las que comulgo al 100% con la Dresser: yo también creo que debe haber reelección de legisladores, que deben legislarse las candidaturas ciudadanas y colectivas, que debe existir la figura de revocación del mandato y que se debe instaurar la posibilidad de realizar plebiscitos. Sin duda, esos serían cambios reales en la dinámica política del país.

5- Dicho lo anterior, ahora sí va en serio mi GUÍA PARA ANULAR EL VOTO (para los que no se dieron cuenta, la que escribí al inicio del post tiene un sabroso baño de sarcasmo):

Si vas a anular tu voto…
a) Antes de ir a votar infórmate sobre quiénes son los candidatos en tu distrito. Como estamos a unas horas de la elección tal vez no puedas ahondar en sus trayectorias. No importa, hazles un Google rápido para que conozcas sus propuestas y veas si en algo te convence su trabajo o sus propuestas.
b) Si tienes dudas sobre lo que has encontrado, trata de contactar a su casa de campaña. En teoría deberían ayudarte a despejar estas dudas.
c) Si después de tener el conocimiento de tus opciones sigues considerando que anular el voto es la opción, argumenta por qué. Por favor, evita el uso de “la fruta podrida y la fruta menos podrida”; ayuda en mucho escuchar argumentos personales, reales, nuevos, estimulantes. Deja claro en tu boleta que conoces las opciones, pero que ninguna te convence. Por favor, no votes por “esperanza marchita”; eso es una mamada.
d) Una vez que estés de regreso en tu casa, empieza a escribir. Redacta un breve mensaje para cada uno de los candidatos por los que no votaste, y diles por qué no votaste por ellos. Si tienes blog, postea ahí esos razonamientos, o súbelos al Facebook, o al Twitter. Que la gente sepa, con argumentos, por qué tomaste esa decisión. Que los candidatos sepan qué es lo que los hizo perder tu voto. Puedes enviar una copia al partido que impulsó a ese candidato o a los diarios.
e) Mantente al tanto de los resultados en tu distrito. Cuando sepas quién ganó, recuerda lo siguiente: aunque no hayas votado por él o ella, esa es la persona que te representará en el Congreso durante los próximos tres años. Él o ella tomará posesión el 1 de septiembre. Unos días después, ya que estén instalados, llama a la Cámara de Diputados (el teléfono es 5628-1300 en la ciudad de México) y pídele a la operadora el número de extensión de tu diputado (es tu diputado aunque no hayas votado por él y es tu obligación pedir que te rinda cuentas, no lo olvides). Posiblemente te conteste un asistente; explica que eres un representado y que quieres estar al tanto del programa del diputado en los próximos tres años. Haz que este teléfono circule entre tu familia y vecinos, para que todos monitoreen la actividad del diputado; por ejemplo cuando vaya a haber una votación importante como lo fue la privatización de Pemex o la Ley Electoral. La página web de la Cámara de Diputados tiene un registro de cómo han votado los diputados en los distintos temas.
f) Si tu diputado no te escucha, no te atiende, o no te responde, denúncialo. Contacta al partido del cual forma parte y a los partidos que son su oposición. Con nombre y apellido denúncialo usando tus redes sociales en Internet. No le quites la vista durante los próximos tres años.
g) Si después de hacer eso, si después de cumplir con tu obligación ciudadana todos los días, en 2012 decides volver a anular tu voto, yo personalmente celebraré tu decisión y no tendré nada más que decir.

Feliz día de elecciones a todos.

domingo, mayo 17, 2009

Recado que se compra un tango en siete tiempos

1- Hoy entrevisté a Elena Poniatowska. Yo la alcancé en el hotel donde se estaba quedando, ella bajó de su habitación, y poco después de empezar a platicar me dijo de pronto: “Oye, por cierto, antes de bajar escuché que murió Benedetti”.

2- Mi abuela era una mujer con un gran carácter. Viví en su casa hasta los 17 años y los siguientes trece la visité casi a diario. En todo ese tiempo sólo la vi enojada una vez. A pesar de que tuvo una vida difícil nunca fue “azotada”; siempre, siempre, siempre estaba de buen humor y le hallaba el lado bueno a todo. 
A ella le gustaba leer, y cuando llegué a cierta edad uno de nuestros muchos puntos en común era ese: yo le prestaba libros y ella a mí. Leía muy rápido y sobre cualquier tema, a pesar de haber estudiado sólo hasta cuarto de primaria; pero no era fácilmente impresionable. Me regresaba mis libros, los comentábamos, hasta ahí.
Un día le presté “La Tregua”, de Benedetti. Lo amó. La historia la conmovió profundamente. Estoy convencida de que algo encontró en los personajes que la sacudió de manera personal. Me dijo que se quedaba con el libro para algún día volver a leerlo. Eso fue más o menos a principios de los noventa.
En febrero de 2006 murió. Tras el funeral, llegué a su casa, a su habitación. Abrí los cajones de su ropero buscando algunas de mis cosas que ella guardaba: mi medalla de primera comunión, otros objetos personales. Entre ellos estaba el libro: una edición de Nueva Imagen, con sus pastas verdes y sus hojas amarillas.

3- Cuando tenía once años tuve un maestro de música que me enseñó a tocar la guitarra, me introdujo a la trova y me habló por primera vez de la canción de protesta. También me prestó un libro: “Con y sin nostalgia”. En 14 cuentos magistralmente escritos pude ver por vez primera la tragedia de una generación aplastada por la dictadura y la sinrazón, culpable por el simple hecho de ser joven y pensar. Y descubrí a un autor capaz de reivindicar a dicha generación, algo que en ocasiones ni sus propios padres hicieron.

4- Estando en la universidad cayó en mis manos “El escritor latinoamericano y la revolución posible”. Hoy, a pesar de cuánto ha cambiado el mundo, sigo creyendo que es posible el asalto a lo imposible; veo que América Latina continúa en el arduo proceso de “convertir los reveses en victorias”; y hoy, treinta y tantos años después de haberse escrito, sonrío al ver convertida en realidad la figura idílica aquella del lector participante como factor de cambio.

5- A mí no me gusta la poesía. No entiendo el género y pocas veces me dice algo. Pero algo permeó a mi generación, porque decenas de veces, marchando sobre la avenida Juárez rumbo al Zócalo, he sentido una certeza compartida por todos: en la calle codo a codo, somos mucho más que dos.

6- “Me compré un tango
en el kiosco de adioses
del aeropuerto”.
En los últimos años he vivido demasiadas despedidas.

7- Murió Mario Benedetti y yo en verdad lo lamento. No porque se haya ido, sino porque sin duda algo de mí se lleva quien ha estado presente con cierta recurrencia en mi vida. Me pasa con los músicos, con los cineastas, con los actores; pero con mucha, mucha fuerza, me pasa con el que escribe, con el que me da de leer.
Hace algunas horas fui testigo, a través del Twitter, de una serie de opiniones encontradas sobre el autor. Los más jóvenes –y personalmente diría que los que cuentan con menos referencias y conocimiento general- emitieron calificativos como “cursi” (actualizo: el calificativo me parece bien aplicado y no creo que sea malo) y “barato”; leí que incluso lo comparaban con Corín Tellado. Supongo que es gente que sólo conoce “Táctica y estrategia” o “Hagamos un trato”; gente ignorante de la fuerza que obliga a escribir sobre la primavera con una esquina rota (lo cual suena cursi hasta que alguien explica que para romperla hubo que usar una picana, ¿no?). Hubo alguien que incluso celebró su muerte. 
Me preocupa ver a una generación ignorando la historia por considerarla pasada de moda, ignorando el contexto social de la producción literaria, e ignorando la carga simbólica de las palabras dichas en un momento en el que nadie más se atreve a mencionarlas. El desdén por lo encumbrado, el iconoclasta barato: cuánto lastima al mundo que la gente que piensa se marche; cuánto más lo lastima que haya quien se alegre por ello.
Yo, por mi parte, estoy harta de decir adiós.

martes, diciembre 23, 2008

Recado de los abrazos

“Me compré un tango 

en el kiosco de adioses 

del aeropuerto”

-Mario Benedetti, Rincón de Haikus.

 

La semana pasada llegó mi madre a visitarme con motivo de las famosas fechas navideñas. Mientras esperaba a que llegara su avión me puse a ver a todas las personas que iban llegando; muchísimas, obviamente por la temporada.

Nada más chingón que las salas de llegada de los aeropuertos. Las de salida son de la chingada, nomás anda uno viendo las lágrimas y los buches atragantados de la gente. Ah, pero las salas de llegada son la onda: hombres y mujeres que brincan al recibir a sus padres ancianos, y los padres con cara de sorpresa por ver a los hijos todos adultos. Niñitos que corren, a riesgo de ser arrollados por una maleta samsonait, para abrazar a su papá. Novios que se ven indeciblemente ridículos sosteniendo unas florecitas mientras ven ansiosos a los que salen, pero que se convierten en apuestos romeos en cuanto la destinataria del regalo aparece en el corredor. Abrazos, chingo de abrazos por todos lados: dos amigas que se encuentran y se abrazan y se ven y se vuelven a abrazar; parejas que se funden en un abrazo sin importar si impiden el paso de los demás; hombres que pierden el pudor llorando al abrazar a una anciana que llega de no sé dónde.

Particularmente me llaman la atención los orientales: en estas fechas llegan muchos aviones de China, de Tailandia, de Corea y de Vietnam con gente que viene a ver a sus familiares. Entonces los orientales, que habitualmente son tan sobrios, tan poco expresivos, se vuelven todos sonrisas y cambian las reverencias por carreritas de pasos cortos y rapiditos para lanzarse en brazos del ser querido que llegó. Los más osados incluso se animarán a alzar en brazos a alguna jovencita largamente extrañada.

Los latinos, por otra parte, ruleamos. Apenas aparece una anciana por el pasillo jalando un maletón, y una runfla de chamaquitos se le deja ir encima soltando “¡abuelita!” a diestra y siniestra. El aeropuerto completo se entera de que ya llegó la abuelita de Zacatecas, y también nos enteramos de los nombres de los hijos que vinieron por ella, y de los que no vinieron, y de los que fueron a dejar a la abuela al aeropuerto de Zacatecas. Pero qué sabroso.

Curiosamente entre abrazos y abrazos, los llenos de brinquitos y los largos y pausados, recordé aquellos abrazos que no se pueden dar y de los cuales esta ciudad también está tan llena. Hace unos días hablé con un par de hombres que guardan sus abrazos desde hace años, con la esperanza de algún día poder darlos.

Uno de ellos es Luis. Este hombre de 34 años, que lleva cinco de ellos viviendo indocumentado en Los Ángeles, esperaba que esta fuera la mejor de las navidades en mucho tiempo. Después de reunir algún dinero hizo los arreglos para que un coyote trajera a su esposa desde Guatemala; el plan era que para el 24 de diciembre ella ya estuviera aquí. Todo marchaba de acuerdo con el plan, hasta que a ella la detuvo la “migra” en Arizona y fue deportada. “Yo tenía la esperanza de pasar la Navidad con ella, y pues mire, mala suerte, el destino, no sé”, me dijo el día que lo entrevisté. “Así le pasa a muchas familias, aunque sé que es peor para aquellos que pierden a un ser querido”, agregó a manera de consuelo.

Una situación diferente, aunque con el mismo resultado, es la de José. Originario de México, este jornalero ha pasado 22 de sus 57 años de edad en Estados Unidos. No tiene documentos, así que nunca ha regresado; acá estuvo cuando sus padres enfermaron, cuando murieron, cuando nacieron sus sobrinos. “Es parte de lo que tiene uno que pagar”, me dijo resignado. “El buscar el sueño de la prosperidad implica pagar precios muy caros, precios irremediables. Mis padres fallecieron los dos y no pude ir ni en el lecho de muerte; eso se le queda a uno grabado para el resto de su vida”. Según José, su Navidad ideal sería ir a ver a sus hermanas. Conoce a sus sobrinas por fotos y videos, “pero la sangre es la sangre”, dice con una certeza que apabulla.

Cientos de miles de personas que viven en este país llevan años sin dar sus abrazos contenidos por la falta de un papel: ellos no pueden ir a casa, los de casa no pueden obtener una visa para venir. Estando en el aeropuerto pensé en Luis, en cómo habrá imaginado el abrazo que le iba a dar a su esposa cuando se la entregara el coyote: supongo que uno de los abrazos largos y pausados, en los que el tiempo se detiene. Pensé en los que dará José a sus hermanas, a sus sobrinos, cuando los pueda ver: seguro serán de esos abrazos ruidosos, en los que todos los nombres sonarán al mismo tiempo, y las risas, y las lágrimas; segurito.

Me imaginé cómo se vería esta ciudad, este país, si en medio de la noche prendiéramos una lucecita por cada abrazo que nuestros migrantes no han podido dar. Cuánto cariño en pausa guardan en su corazón; cuántos abrazos dormidos, hibernando, esperando a que llegue el día. Cuánto maldito dolor, cuánta resignación, cuanta fortaleza de carácter; qué hombres y qué mujeres tan grandes ha dado nuestra tierra sólo para verlos partir.

Cuando vi llegar a mi madre por el corredor me acerqué con mucha calma y le di un solo abrazo, bien largo y bien fuerte.

domingo, diciembre 07, 2008

Recado personalazo

(Advertencia: Recado personalazo, dije. O sea, puede brincárselo e ir a ver un noticiero, para que sepa lo que es emoción de la buena).


Las dos semanas anteriores han sido interesantes. Si alguien aún viene a este recadero abandonado, habrá notado que desde hace un rato no hay mucha novedad por acá. Creo que desde que arrancó este blog hace dos años y medio, esta es la ocasión en que más tiempo ha estado estático, y prometo que en la medida de lo posible no volverá a ocurrir.


Resulta que he estado subida en una montaña rusa. Por ahí del veintitantos de noviembre andaba yo feliz de la vida, con tres proyectos enfrente. Estuve trabajando algo sobre menores migrantes que son deportados, y tras hacer un par de artículos “a distancia”, finalmente iba a ir a visitar una casa de menores migrantes en Tijuana. Mi otro proyecto chido era mi visita a la FIL, del 3 al 8 de diciembre. El tercero, mi participación en un blog sobre migrantes que acaba de abrir El Universal, y al cual me invitaron a participar.


El día que iba hacia Tijuana, y que era también el día que se lanzaba “Migrantes”, justo con una colaboración mía, me empecé a sentir mal en cuanto salí de mi casa. Inició con latidos muy fuertes del corazón y entumecimiento de las manos, y terminó en la sala de emergencias del hospital, inconsciente y con diagnóstico de una taquicardia muy severa que pudo haber sido bastante peor. No relataré detalles, pero el mismo día en la noche, ya en casa, estaba verdaderamente asustada.


Este tipo de cosas te sacuden todo. Te pones a pensar qué estás haciendo bien y qué mal, qué tanto te estás cuidando, cuáles son tus prioridades. Revisas tu situación práctica y haces un recuento de esos que yo pensaba que sólo hacen los viejitos. Dos días después fue el Día de Acción de Gracias, la celebración más importante del pueblo estadounidense, que independientemente de su origen, a mí me parece muy linda porque no tiene un vínculo con ninguna religión; ese día todos en este país, a pesar de sus muy diversos orígenes e historias, hacen un alto para agradecer las bendiciones recibidas durante el año. Evidentemente para mí este año tuvo particular significado. (Cenamos ese día en casa y tuvimos la suerte de tener la visita desde Phoenix de Ijon Tichy y su familia, que nos hizo aún más sabrosa la velada).


Debido a la semana feriada mi médico no estaba en la ciudad. El lunes pasado tuve que tomar una decisión: ver a un especialista en la única fecha que tenía disponible, y con ello cancelar mi viaje a la FIL, o ir a la FIL y ver al especialista a finales de diciembre. Quienes más o menos me conocen sabrán qué fue lo que decidí, pero también sabrán que lo decidí en contra de mi naturaleza que siempre me lleva a estar en todos lados porque, como suelo decir, “ya tendré tiempo de dormir cuando me muera”. Nomás que ahora sí me andaban tomando la palabra.


No ir a la FIL me pegó muy duro por dos razones. Obvio, porque quería ir –tenía programada, entre otras cosas, una entrevista con Pérez-Reverte -, pero sobre todo porque es la primera vez que yo tengo que cancelar algo por lo que he trabajado, por motivos de salud. Andaba en el super blues cuando de pronto, ese mismo día, me llegó un mail. Resulta que me dieron una beca para un taller de una semana en la Universidad de Berkeley, al cual le traía muchas, muchas ganas. Así que en un ratito ya andaba sonriendo otra vez, aunque con cautela por aquello de la emoción.


El rollo anterior obedece a lo siguiente: una vez más me di cuenta de que siempre que algo me pega, algo más me levanta. Uta, es la historia de mi vida, dije. Pero no, yo creo que es la historia de la vida de todos nosotros. Es la vida, ¿no?, que te pone y te quita para que cuando no haya, aprecies el tiempo en el que hubo, y para que cuando haya, lo sepas valorar. Sé que lo he dicho en otras ocasiones, pero pues ni modo, el mensaje se repite y yo de chismosa lo ando regando por todos lados.


Durante estos días, en los que he estado muy asustada pero también muy consciente de mí misma, lo que más me sorprende es mi gente. Mi esposo y mi hijo, que no me explico cómo pueden ser tan alivianados teniendo que lidiar conmigo, qué horror. Mis increíbles amigas, que siempre están ahí: al teléfono, en el Facebook, por el messenger, hasta por telepatía. Mucha gente que se enteró ha sido supersensible y me ha estado llamando; no hay mejor terapia que saberte querido, valorado, y apapachado.


Sobre lo que ocurrió ese día, sólo diré que al parecer tengo un pequeñitito defecto de fábrica en la maquinaria cardiaca y que aprendiendo a identificar cuándo va a empezar a dar lata podré evitar que siga haciéndolo. Eso no significa que se me haya quitado el susto, nada de eso. Hace un par de días de pronto empecé a sentir que se me entumían los dedos del brazo izquierdo. Me apaniqué un poco y a los minutos ya no sentía la mitad del brazo. Me empezó a faltar el aire. Sentía una opresión en el pecho. Estaba en la computadora, así que “guglié” “arm numbness” y el resultado fue “You are having a heart attack, call 911”. Llamé al 911 y a los tres minutos estaban entrando a mi casa SEIS paramédicos de los bomberos y les juro, les juro, les juro que los seis estaban como este. Me subí a una ambulancia por primera vez en mi vida y llegué al hospital. El diagnóstico: un ataque de ansiedad. Todavía estoy bien sacada de onda.


Dice el cardiólogo que mi corazón está entero, y el tipo que me hizo el ultrasonido me dijo “you have a beautiful heart”. Mi teoría es esta: vino la Flaca, me echó una miradita, y ella también se dio cuenta de lo del beautiful heart. Y nomás por eso, decidió que regresa dentro de cincuenta años.

miércoles, julio 02, 2008

Recado de usted

Este blog lleva mucho tiempo hablando en primera persona y estamos un poco hartos de eso. Por ese motivo hoy 2 de julio, aniversario de la tristemente célebre elección de 2006, lo invito a usted, amable lector mexicano, a que me cuente:

1-¿Qué hizo usted hace dos años? ¿Fue a votar? ¿Esperó ansioso los resultados pegado a la pantalla de la tele? ¿Le rompieron el corazón?

2- En este tiempo, ¿ha cambiado su percepción de lo ocurrido? ¿Ha descubierto algo nuevo sobre su país? ¿Ha descubierto algo que ignoraba sobre usted mismo?

3- Cuando alguien menciona la elección del 2 de julio de 2006, ¿cuál es el primer sentimiento que le cae en la panza o en el corazón?

Y si usted es un lector no-mexicano, por favor cuéntenos: La gente de su país, ¿llora, o se muere de risa cuando ve la tragicomedia mexicana?

domingo, abril 27, 2008

Recado que dice “ya estuvo, ¿no?”

Digo, ya párenle a su desmadrito. Yo estoy en pleno cambio de casa que es de la cosas que más odio en la vida. Además de eso, en el periódico me movieron de fuente, ahora voy a cubrir el gobierno local. Eso quiere decir que tengo que empezar de cero a conocer señores y señoritas y señorzotes y bisnes y bisnecitos, y mañas y cifras y datos y un montón de cosas que me traen bemba. Y encima, lo que me llega de México.

Llevo varias semanas sin entrarle mucho al asunto de lo que ocurre en la palestra mediática del Mexiquito, y la razón es que siempre que pienso en hacer un post sobre un tema que me haya generado particular encabronamiento, nomás no me da tiempo de escribirlo luego-luego; y pa’ cuando puedo es porque ya pasó otra cosa, y así.
Pero ya estuvo de que me tengan haciendo muinas, chale; así que para por lo menos sacar en coraje entripado que me dejan los noticieros, ahí va:

1- Chapelén, si vas a ser tan machito para fingir que gobiernas un país, hazme el favor de primero leerte la Constitución para que descubras que aun “suponiendo sin conceder”, como dicen los abogados, que los mexicanos muertos en Ecuador hubieran sido unos terroristas supermalos-malotes, tienen derecho a que su gobierno los defienda y a tener un juicio justo. Por eso te decían que no te fueras de pedo cuando dizque estudiabas en la Libre de Derecho, guey.

2- Estúpido Álvaro Uribe, la próxima vez que quieras decirle terrorista a alguien, empieza por investigar a tu familia, para que no te metan sorpresitas.
2a- Un aplauso para la UNAM, a estas alturas creo que es la única organización decente que queda en México.

3- Un recordatorio para los que aún no tienen muy claro por qué las protestas contra la iniciativa petrolera del chapelén. Según el tipo, necesitamos más dinero en exploración porque, por ejemplo, durante el 2008 sólo se destinarán 20 mil millones de pesos a este propósito. Sin embargo nadie recuerda que desde 1998 todos los mexicanos pagamos de nuestro bolsillo 40 mil millones de pesos SÓLO POR CONCEPTO DE INTERESES del Fobaproa AL AÑO. Si hiciéramos una auditoria como dios manda y obligáramos a los Lankenau, a los Roberto Hernández, a los Cabal Peniche, a los Fox, a toda esa runfla de rateros que convirtieron su deuda bancaria en deuda pública gracias a la aprobación impulsada por el PAN –que por cierto, presidía el chapelén- en 1998, dispondríamos de ese dinero para triplicar la inversión en Pemex y no necesitaríamos traer a Exxon a Tabasco. No es sólo el capricho de tomar la tribuna, señores; siempre hay argumentos detrás, aunque no nos los presente Televisa.
3a- Por cierto, 40 mil millones de pesos al año de intereses del Fobaproa. El presupuesto anual de la UNAM es de 20 mil millones de pesos.

4- El pasado 7 de abril asesinaron en una emboscada en Oaxaca a dos locutoras de radio, Teresa Bautista Merino y Felícitas Martínez Sánchez, de 24 y 20 años de edad respectivamente, ambas indígenas triquis, cuando se dirigían a un encuentro por la defensa de derechos humanos en la capital del estado. Ahora me entero de que la semana pasada les dieron un Premio Nacional de Periodismo "post mortem". Estoy un poco harta de estos homenajes sin sentido: si no las hubieran matado no estarían recibiendo un premio. O sea, que en México hay que esperar a que te maten para que alguien se dé cuenta de que tu vida corre peligro mientras haces tu trabajo. ¿Por qué mejor no hacer justicia, por qué no hacer que las leyes se apliquen, por qué no investigar qué tuvo que ver el gobierno de Ulises Ruiz en el asesinato? ¿Por qué los premios y los aplausos, mientras las cortes siguen llenas de mierda? Y si el tema les recuerda a nuestra Lydia Cacho, es porque aquí no hay coincidencias.

5- Luego: el tipo funcionario público de Presidencia que se robó las Blackberrys. Y que lo descubren, y que lo dejan ir porque el fulano tenía inmunidad diplomática. Segurito ahora lo van a querer hacer subsecretario: no nomás sabe robar, también sabe chingarse a los gringos.

6- Por último, Emilio González Márquez: chingas a la tuya.