jueves, noviembre 26, 2009
Recado de Thanksgiving
sábado, julio 04, 2009
Recado con largas consideraciones sobre el voto nulo (guía para anular el voto)
domingo, mayo 17, 2009
Recado que se compra un tango en siete tiempos
martes, diciembre 23, 2008
Recado de los abrazos
“Me compré un tango
en el kiosco de adioses
del aeropuerto”
-Mario Benedetti, Rincón de Haikus.
La semana pasada llegó mi madre a visitarme con motivo de las famosas fechas navideñas. Mientras esperaba a que llegara su avión me puse a ver a todas las personas que iban llegando; muchísimas, obviamente por la temporada.
Nada más chingón que las salas de llegada de los aeropuertos. Las de salida son de la chingada, nomás anda uno viendo las lágrimas y los buches atragantados de la gente. Ah, pero las salas de llegada son la onda: hombres y mujeres que brincan al recibir a sus padres ancianos, y los padres con cara de sorpresa por ver a los hijos todos adultos. Niñitos que corren, a riesgo de ser arrollados por una maleta samsonait, para abrazar a su papá. Novios que se ven indeciblemente ridículos sosteniendo unas florecitas mientras ven ansiosos a los que salen, pero que se convierten en apuestos romeos en cuanto la destinataria del regalo aparece en el corredor. Abrazos, chingo de abrazos por todos lados: dos amigas que se encuentran y se abrazan y se ven y se vuelven a abrazar; parejas que se funden en un abrazo sin importar si impiden el paso de los demás; hombres que pierden el pudor llorando al abrazar a una anciana que llega de no sé dónde.
Particularmente me llaman la atención los orientales: en estas fechas llegan muchos aviones de China, de Tailandia, de Corea y de Vietnam con gente que viene a ver a sus familiares. Entonces los orientales, que habitualmente son tan sobrios, tan poco expresivos, se vuelven todos sonrisas y cambian las reverencias por carreritas de pasos cortos y rapiditos para lanzarse en brazos del ser querido que llegó. Los más osados incluso se animarán a alzar en brazos a alguna jovencita largamente extrañada.
Los latinos, por otra parte, ruleamos. Apenas aparece una anciana por el pasillo jalando un maletón, y una runfla de chamaquitos se le deja ir encima soltando “¡abuelita!” a diestra y siniestra. El aeropuerto completo se entera de que ya llegó la abuelita de Zacatecas, y también nos enteramos de los nombres de los hijos que vinieron por ella, y de los que no vinieron, y de los que fueron a dejar a la abuela al aeropuerto de Zacatecas. Pero qué sabroso.
Curiosamente entre abrazos y abrazos, los llenos de brinquitos y los largos y pausados, recordé aquellos abrazos que no se pueden dar y de los cuales esta ciudad también está tan llena. Hace unos días hablé con un par de hombres que guardan sus abrazos desde hace años, con la esperanza de algún día poder darlos.
Uno de ellos es Luis. Este hombre de 34 años, que lleva cinco de ellos viviendo indocumentado en Los Ángeles, esperaba que esta fuera la mejor de las navidades en mucho tiempo. Después de reunir algún dinero hizo los arreglos para que un coyote trajera a su esposa desde Guatemala; el plan era que para el 24 de diciembre ella ya estuviera aquí. Todo marchaba de acuerdo con el plan, hasta que a ella la detuvo la “migra” en Arizona y fue deportada. “Yo tenía la esperanza de pasar la Navidad con ella, y pues mire, mala suerte, el destino, no sé”, me dijo el día que lo entrevisté. “Así le pasa a muchas familias, aunque sé que es peor para aquellos que pierden a un ser querido”, agregó a manera de consuelo.
Una situación diferente, aunque con el mismo resultado, es la de José. Originario de México, este jornalero ha pasado 22 de sus 57 años de edad en Estados Unidos. No tiene documentos, así que nunca ha regresado; acá estuvo cuando sus padres enfermaron, cuando murieron, cuando nacieron sus sobrinos. “Es parte de lo que tiene uno que pagar”, me dijo resignado. “El buscar el sueño de la prosperidad implica pagar precios muy caros, precios irremediables. Mis padres fallecieron los dos y no pude ir ni en el lecho de muerte; eso se le queda a uno grabado para el resto de su vida”. Según José, su Navidad ideal sería ir a ver a sus hermanas. Conoce a sus sobrinas por fotos y videos, “pero la sangre es la sangre”, dice con una certeza que apabulla.
Cientos de miles de personas que viven en este país llevan años sin dar sus abrazos contenidos por la falta de un papel: ellos no pueden ir a casa, los de casa no pueden obtener una visa para venir. Estando en el aeropuerto pensé en Luis, en cómo habrá imaginado el abrazo que le iba a dar a su esposa cuando se la entregara el coyote: supongo que uno de los abrazos largos y pausados, en los que el tiempo se detiene. Pensé en los que dará José a sus hermanas, a sus sobrinos, cuando los pueda ver: seguro serán de esos abrazos ruidosos, en los que todos los nombres sonarán al mismo tiempo, y las risas, y las lágrimas; segurito.
Me imaginé cómo se vería esta ciudad, este país, si en medio de la noche prendiéramos una lucecita por cada abrazo que nuestros migrantes no han podido dar. Cuánto cariño en pausa guardan en su corazón; cuántos abrazos dormidos, hibernando, esperando a que llegue el día. Cuánto maldito dolor, cuánta resignación, cuanta fortaleza de carácter; qué hombres y qué mujeres tan grandes ha dado nuestra tierra sólo para verlos partir.
Cuando vi llegar a mi madre por el corredor me acerqué con mucha calma y le di un solo abrazo, bien largo y bien fuerte.
domingo, diciembre 07, 2008
Recado personalazo
(Advertencia: Recado personalazo, dije. O sea, puede brincárselo e ir a ver un noticiero, para que sepa lo que es emoción de la buena).
Las dos semanas anteriores han sido interesantes. Si alguien aún viene a este recadero abandonado, habrá notado que desde hace un rato no hay mucha novedad por acá. Creo que desde que arrancó este blog hace dos años y medio, esta es la ocasión en que más tiempo ha estado estático, y prometo que en la medida de lo posible no volverá a ocurrir.
Resulta que he estado subida en una montaña rusa. Por ahí del veintitantos de noviembre andaba yo feliz de la vida, con tres proyectos enfrente. Estuve trabajando algo sobre menores migrantes que son deportados, y tras hacer un par de artículos “a distancia”, finalmente iba a ir a visitar una casa de menores migrantes en Tijuana. Mi otro proyecto chido era mi visita a la FIL, del 3 al 8 de diciembre. El tercero, mi participación en un blog sobre migrantes que acaba de abrir El Universal, y al cual me invitaron a participar.
El día que iba hacia Tijuana, y que era también el día que se lanzaba “Migrantes”, justo con una colaboración mía, me empecé a sentir mal en cuanto salí de mi casa. Inició con latidos muy fuertes del corazón y entumecimiento de las manos, y terminó en la sala de emergencias del hospital, inconsciente y con diagnóstico de una taquicardia muy severa que pudo haber sido bastante peor. No relataré detalles, pero el mismo día en la noche, ya en casa, estaba verdaderamente asustada.
Este tipo de cosas te sacuden todo. Te pones a pensar qué estás haciendo bien y qué mal, qué tanto te estás cuidando, cuáles son tus prioridades. Revisas tu situación práctica y haces un recuento de esos que yo pensaba que sólo hacen los viejitos. Dos días después fue el Día de Acción de Gracias, la celebración más importante del pueblo estadounidense, que independientemente de su origen, a mí me parece muy linda porque no tiene un vínculo con ninguna religión; ese día todos en este país, a pesar de sus muy diversos orígenes e historias, hacen un alto para agradecer las bendiciones recibidas durante el año. Evidentemente para mí este año tuvo particular significado. (Cenamos ese día en casa y tuvimos la suerte de tener la visita desde Phoenix de Ijon Tichy y su familia, que nos hizo aún más sabrosa la velada).
Debido a la semana feriada mi médico no estaba en la ciudad. El lunes pasado tuve que tomar una decisión: ver a un especialista en la única fecha que tenía disponible, y con ello cancelar mi viaje a la FIL, o ir a la FIL y ver al especialista a finales de diciembre. Quienes más o menos me conocen sabrán qué fue lo que decidí, pero también sabrán que lo decidí en contra de mi naturaleza que siempre me lleva a estar en todos lados porque, como suelo decir, “ya tendré tiempo de dormir cuando me muera”. Nomás que ahora sí me andaban tomando la palabra.
No ir a la FIL me pegó muy duro por dos razones. Obvio, porque quería ir –tenía programada, entre otras cosas, una entrevista con Pérez-Reverte -, pero sobre todo porque es la primera vez que yo tengo que cancelar algo por lo que he trabajado, por motivos de salud. Andaba en el super blues cuando de pronto, ese mismo día, me llegó un mail. Resulta que me dieron una beca para un taller de una semana en la Universidad de Berkeley, al cual le traía muchas, muchas ganas. Así que en un ratito ya andaba sonriendo otra vez, aunque con cautela por aquello de la emoción.
El rollo anterior obedece a lo siguiente: una vez más me di cuenta de que siempre que algo me pega, algo más me levanta. Uta, es la historia de mi vida, dije. Pero no, yo creo que es la historia de la vida de todos nosotros. Es la vida, ¿no?, que te pone y te quita para que cuando no haya, aprecies el tiempo en el que hubo, y para que cuando haya, lo sepas valorar. Sé que lo he dicho en otras ocasiones, pero pues ni modo, el mensaje se repite y yo de chismosa lo ando regando por todos lados.
Durante estos días, en los que he estado muy asustada pero también muy consciente de mí misma, lo que más me sorprende es mi gente. Mi esposo y mi hijo, que no me explico cómo pueden ser tan alivianados teniendo que lidiar conmigo, qué horror. Mis increíbles amigas, que siempre están ahí: al teléfono, en el Facebook, por el messenger, hasta por telepatía. Mucha gente que se enteró ha sido supersensible y me ha estado llamando; no hay mejor terapia que saberte querido, valorado, y apapachado.
Sobre lo que ocurrió ese día, sólo diré que al parecer tengo un pequeñitito defecto de fábrica en la maquinaria cardiaca y que aprendiendo a identificar cuándo va a empezar a dar lata podré evitar que siga haciéndolo. Eso no significa que se me haya quitado el susto, nada de eso. Hace un par de días de pronto empecé a sentir que se me entumían los dedos del brazo izquierdo. Me apaniqué un poco y a los minutos ya no sentía la mitad del brazo. Me empezó a faltar el aire. Sentía una opresión en el pecho. Estaba en la computadora, así que “guglié” “arm numbness” y el resultado fue “You are having a heart attack, call 911”. Llamé al 911 y a los tres minutos estaban entrando a mi casa SEIS paramédicos de los bomberos y les juro, les juro, les juro que los seis estaban como este. Me subí a una ambulancia por primera vez en mi vida y llegué al hospital. El diagnóstico: un ataque de ansiedad. Todavía estoy bien sacada de onda.
Dice el cardiólogo que mi corazón está entero, y el tipo que me hizo el ultrasonido me dijo “you have a beautiful heart”. Mi teoría es esta: vino la Flaca, me echó una miradita, y ella también se dio cuenta de lo del beautiful heart. Y nomás por eso, decidió que regresa dentro de cincuenta años.
miércoles, julio 02, 2008
Recado de usted
1-¿Qué hizo usted hace dos años? ¿Fue a votar? ¿Esperó ansioso los resultados pegado a la pantalla de la tele? ¿Le rompieron el corazón?
2- En este tiempo, ¿ha cambiado su percepción de lo ocurrido? ¿Ha descubierto algo nuevo sobre su país? ¿Ha descubierto algo que ignoraba sobre usted mismo?
3- Cuando alguien menciona la elección del 2 de julio de 2006, ¿cuál es el primer sentimiento que le cae en la panza o en el corazón?
Y si usted es un lector no-mexicano, por favor cuéntenos: La gente de su país, ¿llora, o se muere de risa cuando ve la tragicomedia mexicana?
domingo, abril 27, 2008
Recado que dice “ya estuvo, ¿no?”
Llevo varias semanas sin entrarle mucho al asunto de lo que ocurre en la palestra mediática del Mexiquito, y la razón es que siempre que pienso en hacer un post sobre un tema que me haya generado particular encabronamiento, nomás no me da tiempo de escribirlo luego-luego; y pa’ cuando puedo es porque ya pasó otra cosa, y así.
Pero ya estuvo de que me tengan haciendo muinas, chale; así que para por lo menos sacar en coraje entripado que me dejan los noticieros, ahí va:
2- Estúpido Álvaro Uribe, la próxima vez que quieras decirle terrorista a alguien, empieza por investigar a tu familia, para que no te metan sorpresitas.
2a- Un aplauso para la UNAM, a estas alturas creo que es la única organización decente que queda en México.
3- Un recordatorio para los que aún no tienen muy claro por qué las protestas contra la iniciativa petrolera del chapelén. Según el tipo, necesitamos más dinero en exploración porque, por ejemplo, durante el 2008 sólo se destinarán 20 mil millones de pesos a este propósito. Sin embargo nadie recuerda que desde 1998 todos los mexicanos pagamos de nuestro bolsillo 40 mil millones de pesos SÓLO POR CONCEPTO DE INTERESES del Fobaproa AL AÑO. Si hiciéramos una auditoria como dios manda y obligáramos a los Lankenau, a los Roberto Hernández, a los Cabal Peniche, a los Fox, a toda esa runfla de rateros que convirtieron su deuda bancaria en deuda pública gracias a la aprobación impulsada por el PAN –que por cierto, presidía el chapelén- en 1998, dispondríamos de ese dinero para triplicar la inversión en Pemex y no necesitaríamos traer a Exxon a Tabasco. No es sólo el capricho de tomar la tribuna, señores; siempre hay argumentos detrás, aunque no nos los presente Televisa.
3a- Por cierto, 40 mil millones de pesos al año de intereses del Fobaproa. El presupuesto anual de la UNAM es de 20 mil millones de pesos.
4- El pasado 7 de abril asesinaron en una emboscada en Oaxaca a dos locutoras de radio, Teresa Bautista Merino y Felícitas Martínez Sánchez, de 24 y 20 años de edad respectivamente, ambas indígenas triquis, cuando se dirigían a un encuentro por la defensa de derechos humanos en la capital del estado. Ahora me entero de que la semana pasada les dieron un Premio Nacional de Periodismo "post mortem". Estoy un poco harta de estos homenajes sin sentido: si no las hubieran matado no estarían recibiendo un premio. O sea, que en México hay que esperar a que te maten para que alguien se dé cuenta de que tu vida corre peligro mientras haces tu trabajo. ¿Por qué mejor no hacer justicia, por qué no hacer que las leyes se apliquen, por qué no investigar qué tuvo que ver el gobierno de Ulises Ruiz en el asesinato? ¿Por qué los premios y los aplausos, mientras las cortes siguen llenas de mierda? Y si el tema les recuerda a nuestra Lydia Cacho, es porque aquí no hay coincidencias.
5- Luego: el tipo funcionario público de Presidencia que se robó las Blackberrys. Y que lo descubren, y que lo dejan ir porque el fulano tenía inmunidad diplomática. Segurito ahora lo van a querer hacer subsecretario: no nomás sabe robar, también sabe chingarse a los gringos.
6- Por último, Emilio González Márquez: chingas a la tuya.















