A unos días de la madriza policiaca del 1 de mayo en esta ciudad, indignadamente relatada en el recado de aquí abajo, vuelvo a agarrar la pluma en un tiempecito que le estoy robando al sueño, porque podrá imaginar el lector que como soy obrera rasa en un periódico explotador, los últimos días estuvieron moviditos y no había tenido tiempo de nada, ni de lavar ropa pues –favor de no especular al respecto.
Ya muchos de ustedes sabrán que el alcalde Antonio Villaraigosa, después del regaño que le puse en mi recado anterior, decidió interrumpir su gira artística por México y regresar a la ciudad que lo eligió pa’ que no metiera las patas, y pa’ que cuando las meta arregle el batidero lo más rápido posible. No debe haber sido fácil para su ego tomar la decisión de volver. El tipo es carismático, encantador, modelo a seguir, supermediático; cuando ganó la alcaldía, la revista Newsweek sacó en la portada una foto de él con los brazos abiertos y su insoportablemente enorme sonrisa, con el titular “Latino Power”. Famoso pues, encantador.
Ya muchos de ustedes sabrán que el alcalde Antonio Villaraigosa, después del regaño que le puse en mi recado anterior, decidió interrumpir su gira artística por México y regresar a la ciudad que lo eligió pa’ que no metiera las patas, y pa’ que cuando las meta arregle el batidero lo más rápido posible. No debe haber sido fácil para su ego tomar la decisión de volver. El tipo es carismático, encantador, modelo a seguir, supermediático; cuando ganó la alcaldía, la revista Newsweek sacó en la portada una foto de él con los brazos abiertos y su insoportablemente enorme sonrisa, con el titular “Latino Power”. Famoso pues, encantador.
Me imagino cómo se habrá sentido iniciando su gira por El Salvador y México, con reuniones agendadas con los presidentes de ambos países, aunque uno sea espurio. Se debe haber visto a sí mismo en el nivel presidente, y se habrá sentido bastante cómodo con la imagen.
De pronto, ¡mádroles!, sus policías enloquecen y empiezan a madrear gente. Y el tipo debe sentarse en un banquito de su lujoso hotel en Polanco, y darse cuenta de que:
1) No es un presidente.
2) No es un gobernador.
3) No es mas que un vil alcalde. De la segunda ciudad más importante de Estados Unidos y de la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo, pero alcalde al fin y al cabo.
4) Los problemas locales los resuelven los alcaldes. La diplomacia y otros detalles le pueden corresponder a gobernadores y presidentes, pero él está para tener la ciudad en orden.
Así que regresó.
El mismo día que llegó ya estaba dando una conferencia de prensa, y al día siguiente, 5 de mayo, se la pasó recorriendo la ciudad. Cuando era candidato a la alcaldía, hace 2 años, me tocó cubrir una parte de la campaña. Este fin de semana fue como un flashback. Como en sus mejores días, recorrió la ciudad para decirle a la gente que su alcalde sigue estando cerca de ellos a pesar de los agentes de la policía que golpearon, empujaron, patearon y dispararon balas de gomas a una multitud entre la que había niños, mujeres y periodistas. Y la gente lo escuchó.
De pronto, ¡mádroles!, sus policías enloquecen y empiezan a madrear gente. Y el tipo debe sentarse en un banquito de su lujoso hotel en Polanco, y darse cuenta de que:
1) No es un presidente.
2) No es un gobernador.
3) No es mas que un vil alcalde. De la segunda ciudad más importante de Estados Unidos y de la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo, pero alcalde al fin y al cabo.
4) Los problemas locales los resuelven los alcaldes. La diplomacia y otros detalles le pueden corresponder a gobernadores y presidentes, pero él está para tener la ciudad en orden.
Así que regresó.
El mismo día que llegó ya estaba dando una conferencia de prensa, y al día siguiente, 5 de mayo, se la pasó recorriendo la ciudad. Cuando era candidato a la alcaldía, hace 2 años, me tocó cubrir una parte de la campaña. Este fin de semana fue como un flashback. Como en sus mejores días, recorrió la ciudad para decirle a la gente que su alcalde sigue estando cerca de ellos a pesar de los agentes de la policía que golpearon, empujaron, patearon y dispararon balas de gomas a una multitud entre la que había niños, mujeres y periodistas. Y la gente lo escuchó.
Yo decía en mi recado anterior que lo responsabilizaba a él porque creo sinceramente que en estos dos años no ha metido las manos por su gente como debería. Pero su gente lo adora. Él destituye a dos tenientes, reubica a 60 agentes, pone un nuevo subjefe de policía que es latino, promete que habrá castigo para los responsables después de reconocer su propia responsabilidad, y la gente no solo le cree: lo tocan, le dicen “Antonio” y le hablan de “tú”; le piden autógrafos, posan con él y le toman fotos con teléfonos celulares.
Entre los que se querían tomar fotos con él, le pregunté a una mujer por qué quería el souvenir. Me dijo: “El hecho de que esté presente con nosotros nos emociona, porque nos demuestra su lealtad ante su gente”. Oiga, dije yo, pero si su policía acaba de darle una paliza a los manifestantes inmigrantes en el parque MacArthur. “Pues sí, pero yo creo que él no es responsable de lo que pasó”, me dijo. “El acto que toma la policía contra la gente es una actitud personal de ellos, no tiene nada que ver con él”.
El fulano cargó niños, besó jovencitas y ancianos, palmeó las espaldas de los hombres, empujó a un chavito en silla de ruedas, le pegó a una piñata y fue a una iglesia a escuchar misa en español. Nadie parece asociar la figura de Villaraigosa con una policía represora. Por el contrario, sus gobernados que por momentos parecen fans, le gritaron desde “Villaraigosa para gobernador”, hasta un simple y llano “te amo”.
Entre los que se querían tomar fotos con él, le pregunté a una mujer por qué quería el souvenir. Me dijo: “El hecho de que esté presente con nosotros nos emociona, porque nos demuestra su lealtad ante su gente”. Oiga, dije yo, pero si su policía acaba de darle una paliza a los manifestantes inmigrantes en el parque MacArthur. “Pues sí, pero yo creo que él no es responsable de lo que pasó”, me dijo. “El acto que toma la policía contra la gente es una actitud personal de ellos, no tiene nada que ver con él”.
El fulano cargó niños, besó jovencitas y ancianos, palmeó las espaldas de los hombres, empujó a un chavito en silla de ruedas, le pegó a una piñata y fue a una iglesia a escuchar misa en español. Nadie parece asociar la figura de Villaraigosa con una policía represora. Por el contrario, sus gobernados que por momentos parecen fans, le gritaron desde “Villaraigosa para gobernador”, hasta un simple y llano “te amo”.
Ni hablar, alcalde; traes puñal.


















