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domingo, diciembre 14, 2008

Recado que… ¡Jajaja, un zapatazo!

¡Jooooooooojojojojojojo, de hecho fueron dos! No, olvídense del post que estaba escribiendo, lo del zapatazo es infinitamente más relevante. Ya sé que la mayoría ya debe saberlo y tal vez ya lo vieron, ¡pero por favor! Este recadero tuvo su domingo completo, y sólo por eso lo pondremos una vez:



Y otra:



Y otra:



Qué buenos reflejos tiene el güey, se nota que está acostumbrado a que le avienten madre y media.


¿Se dan cuenta de que ya se va? ¡Ya se vaaaaa, ya se va el imbécil! (Para mayores informes, vean mi relojito este de aquí al ladito ------->).


jueves, mayo 10, 2007

Recado del alcalde de vuelta

A unos días de la madriza policiaca del 1 de mayo en esta ciudad, indignadamente relatada en el recado de aquí abajo, vuelvo a agarrar la pluma en un tiempecito que le estoy robando al sueño, porque podrá imaginar el lector que como soy obrera rasa en un periódico explotador, los últimos días estuvieron moviditos y no había tenido tiempo de nada, ni de lavar ropa pues –favor de no especular al respecto.
Ya muchos de ustedes sabrán que el alcalde Antonio Villaraigosa, después del regaño que le puse en mi recado anterior, decidió interrumpir su gira artística por México y regresar a la ciudad que lo eligió pa’ que no metiera las patas, y pa’ que cuando las meta arregle el batidero lo más rápido posible. No debe haber sido fácil para su ego tomar la decisión de volver. El tipo es carismático, encantador, modelo a seguir, supermediático; cuando ganó la alcaldía, la revista Newsweek sacó en la portada una foto de él con los brazos abiertos y su insoportablemente enorme sonrisa, con el titular “Latino Power”. Famoso pues, encantador.

Me imagino cómo se habrá sentido iniciando su gira por El Salvador y México, con reuniones agendadas con los presidentes de ambos países, aunque uno sea espurio. Se debe haber visto a sí mismo en el nivel presidente, y se habrá sentido bastante cómodo con la imagen.
De pronto, ¡mádroles!, sus policías enloquecen y empiezan a madrear gente. Y el tipo debe sentarse en un banquito de su lujoso hotel en Polanco, y darse cuenta de que:
1) No es un presidente.
2) No es un gobernador.
3) No es mas que un vil alcalde. De la segunda ciudad más importante de Estados Unidos y de la segunda ciudad con más mexicanos en el mundo, pero alcalde al fin y al cabo.
4) Los problemas locales los resuelven los alcaldes. La diplomacia y otros detalles le pueden corresponder a gobernadores y presidentes, pero él está para tener la ciudad en orden.
Así que regresó.

El mismo día que llegó ya estaba dando una conferencia de prensa, y al día siguiente, 5 de mayo, se la pasó recorriendo la ciudad. Cuando era candidato a la alcaldía, hace 2 años, me tocó cubrir una parte de la campaña. Este fin de semana fue como un flashback. Como en sus mejores días, recorrió la ciudad para decirle a la gente que su alcalde sigue estando cerca de ellos a pesar de los agentes de la policía que golpearon, empujaron, patearon y dispararon balas de gomas a una multitud entre la que había niños, mujeres y periodistas. Y la gente lo escuchó.

Yo decía en mi recado anterior que lo responsabilizaba a él porque creo sinceramente que en estos dos años no ha metido las manos por su gente como debería. Pero su gente lo adora. Él destituye a dos tenientes, reubica a 60 agentes, pone un nuevo subjefe de policía que es latino, promete que habrá castigo para los responsables después de reconocer su propia responsabilidad, y la gente no solo le cree: lo tocan, le dicen “Antonio” y le hablan de “tú”; le piden autógrafos, posan con él y le toman fotos con teléfonos celulares.
Entre los que se querían tomar fotos con él, le pregunté a una mujer por qué quería el souvenir. Me dijo: “El hecho de que esté presente con nosotros nos emociona, porque nos demuestra su lealtad ante su gente”. Oiga, dije yo, pero si su policía acaba de darle una paliza a los manifestantes inmigrantes en el parque MacArthur. “Pues sí, pero yo creo que él no es responsable de lo que pasó”, me dijo. “El acto que toma la policía contra la gente es una actitud personal de ellos, no tiene nada que ver con él”.
El fulano cargó niños, besó jovencitas y ancianos, palmeó las espaldas de los hombres, empujó a un chavito en silla de ruedas, le pegó a una piñata y fue a una iglesia a escuchar misa en español. Nadie parece asociar la figura de Villaraigosa con una policía represora. Por el contrario, sus gobernados que por momentos parecen fans, le gritaron desde “Villaraigosa para gobernador”, hasta un simple y llano “te amo”.

Ni hablar, alcalde; traes puñal.

miércoles, mayo 02, 2007

Recado pleno de indignación

Ayer 1 de mayo, mientras yo escribía mi nota sobre la marcha del 1 de mayo celebrada al mediodía, y trabajaba en el recado de aquí abajo, elementos de la Policía de Los Ángeles reprimían a un grupo de personas en el parque MacArthur, en el centro de esta ciudad, una vez que finalizó la segunda marcha, realizada por la tarde.
Tal vez algunos de ustedes habrán visto las imágenes en la televisión: claramente se ve el exceso de fuerza aplicado indiscriminadamente sobre una multitud calmada formada principalmente por familias, como respuesta a una provocación realizada por un grupo que ni siquiera estaba dentro del contingente de la marcha. Mujeres, jóvenes, niños, bebés, todo el mundo tuvo que salir huyendo de las balas de goma y los gases pimienta lanzados por la policía.
Sé que este relato contrasta con el espíritu original del mensaje anterior, pero las fotos que publiqué ayer no me permiten mentir: esos somos nosotros, los que levantan sus manos trabajadoras, aunque algunos nos quieran hacer lucir como un montón de delincuentes.


En las imágenes transmitidas ayer por la noche también aparece un camarógrafo de televisión que es pateado cuando está de espaldas, grabando, y cuya cámara es aventada por un policía. La Sociedad de Periodistas Profesionales en Estados Unidos ya hizo un llamado al alcalde Antonio Villaraigosa y al jefe de la policía, para que investiguen lo ocurrido, castiguen a los responsables, y creen un grupo de trabajo por el cual se otorguen garantías a los periodistas en el ejercicio de su profesión.


Yo desde aquí manifiesto mi indignación ante lo ocurrido, y apunto con el dedo hacia el alcalde Antonio Villaraigosa por su injustificable tibieza en el tema de los derechos de los inmigrantes. Mundialmente conocido por ser el primer alcalde latino en Los Ángeles, la segunda ciudad más importante del imperio, la comunidad migrante volcó sus esperanzas en este hombre; el día de su toma de posesión, cuando atravesó las puertas del Ayuntamiento de la ciudad, la comunidad entera sentía que entraba con él.
Sin embargo dos años después el tipo ha sido incapaz de ser contundente desde su posición política en la defensa de los derechos de los inmigrantes. No los ataca, pero no los reivindica. Ayer, mientras los alcaldes de otras ciudades, como el de Chicago, se paraban al frente de sus comunidades para abiertamente mostrar su apoyo a los inmigrantes, el alcalde volaba estratégicamente hacia El Salvador. La fecha era simbólica; si el alcalde hubiera querido, hubiera estado aquí. No quiso. Y no me gusta jugarle al adivino, pero creo que si el alcalde hubiera estado aquí, el desempeño de la policía hubiera sido otro.


Nuestro alcalde latino está lejos, la policía, como todas las policías del mundo, está ciega, y nuestra gente otra vez acabó corriendo a esconderse en algún lugar.

sábado, marzo 17, 2007

Recado para Rodrigo Jardón

Si hay algo que me puede hacer enojar es la gente que no argumenta. No hay nada peor que alguien que te responde: “porque no”, simplemente por no saber darte una explicación lógica y sensata. Me irrita, me encabrona, de verdad me pone de malas.
Bajo esta premisa, imaginará el lector el efecto que la policía en general, y la mexicana en particular, causa sobre mí. Sin ánimo de ofender a los perros, siempre he pensado en ellos como perros dopados entrenados para morder, tan frustrados y con tanto odio todo el tiempo que buscan la menor provocación para madrear. Lo vi mil veces cuando era estudiante durante marchas y manifestaciones; ha sido un secreto a voces en los separos de la procuraduría, y lo pude presenciar de cerquitita durante la represión en Oaxaca en noviembre pasado.
Pues la semana pasada se dio otra de estas perlas, y por mínima congruencia y solidaridad, reproduzco en este espacio la historia de Rodrigo Jardón, estudiante de periodismo y fotógrafo de 19 años, que mientras trataba de documentar las manifestaciones frente de la embajada de Estados Unidos en México por la visita de Bush, fue acusado, pateado, golpeado, madreado y después de todo eso detenido, supongo que porque tenía todos los elementos básicos que le enseñan a los perros en el entrenamiento: es joven, no usa traje ni corbata, estaba del otro lado de la valla y trató de argumentar.

Foto Jorge Serratos, El Universal

Parte del testimonio de Jardón:
“Me encontraba yo tomando fotografías a todo esto de la manifestación en contra de la visita de Bush a México, afuera de la embajada de EU en México cuando las vallas fueron rotas por grupos anarquistas y de repudio al imperialismo estadounidense…pronto la avenida Reforma se llenó de gas y la confusión reinó”.
“Cuando los granaderos salieron, claramente vimos los presentes como las primeras víctimas de los golpes fueron las mujeres, estos valientes y viriles servidores de la ley cruzaron la avenida para golpear a una chica en la entrada de un café y mientras tanto yo registraba todo al lado de otra fotógrafa…cuando al hacerme para atrás un granadero me vio al tirarle una foto y comenzó a gritar “¡Ese hijo de la chingada! ¡Él estaba con ellos, él estaba con ellos!”. (…) Supongo que en ese momento me transformé mágicamente en uno más del “grupo de presuntos "porros" de la UNAM que se cubrían el rostro con pasamontañas, paliacates y otras telas, por que mientras uno me ahorcaba con la bufanda, los demás me golpeaban con los puños hasta que una vez en el centro del cerco me tiraron al piso y me patearon hasta que no me pude mover”.
“Un granadero (Cuyo nombre desconozco pero me encantaría tener el gusto) me jaló de un brazo hacia un árbol y me preguntó lo que hacía ahí, dejando que le explicara a gritos que sólo estaba tomando fotos y que soy estudiante de periodismo. Los primitivos de azul seguían saludando mi madre y pateando mis costillas”.

La narración completa está en el sitio de Rodrigo Jardón; la información me llegó gracias a los blogs de Beto y Sofía.
Si el peor sentimiento del mundo es la impotencia, la única manera de contrarrestarlo es denunciar. Corran la voz, señalen con desprecio a los tiras de la foto y a quienes les dieron órdenes, háganle llegar un comentario solidario a Jardón. Digámosles que aunque no podemos evitar el abuso de la fuerza, cuando lo hagan todos lo vamos a saber; hoy por él, mañana por nosotros.

domingo, diciembre 10, 2006

Recado sobre Oaxaca (2)

Como mencioné en el mensaje anterior, hace dos semanas estuve en Oaxaca. Apenas se pone un pie fuera de la terminal de autobuses y ahí están: seis policías federales comprando gelatinas, champurrado y tamales. Por la esquina pasan tres camionetas patrullando, dos de la Policía Federal Preventiva (PFP), una de la policía ministerial. La gente apura el paso.

Son las seis de la mañana en esta ciudad que, según el gobernador Ulises Ruiz, desde hace más de un mes volvió a la normalidad gracias al ingreso de la PFP para desmantelar las barricadas instaladas por los integrantes de la APPO. Pero para quien ha visto Oaxaca en su plenitud, es obvio que hoy está lejos, muy lejos de vivir en la normalidad.
El conflicto en Oaxaca se inició en abril con la movilización de los maestros de la entidad que solicitaban un ajuste salarial y otras demandas de tipo laboral. Pero a diferencia de los gobernadores que lo antecedieron, Ulises Ruiz rechazó la negociación con el magisterio y, en lugar de ello, el 14 de junio decidió reprimir con la fuerza pública una manifestación en el centro de Oaxaca, en la que murieron dos profesores.

Ésta fue la gota que derramó el vaso. Habiendo llegado al gobierno bajo la sospecha de fraude electoral, durante su primer año de gestión Ruiz acumuló numerosas acusaciones de persecución y represión en las comunidades que desde el principio se opusieron a su gobierno. Organizaciones de defensa de derechos humanos, ciudadanos organizados, sindicatos, agrupaciones políticas e incluso religiosas se sumaron al movimiento de los maestros bajo una sola consigna: la renuncia del gobernador Ulises Ruiz.
Han pasado casi siete meses y aunque los maestros aceptaron regresar a clases —a pesar de que sus demandas no han sido respondidas— la situación en Oaxaca dista mucho de estar bajo control. Pero Ruiz se esfuerza por demostrar al país y al mundo que Oaxaca está en calma. En calma aunque el gobierno estadounidense sigue advirtiendo a sus ciudadanos que no viajen a la entidad. En calma aunque los negocios locales tengan pérdidas millonarias porque la gente local no se atreve a salir de sus casas. En calma aunque yendo por la carretera haya retenes improvisados en los que la policía revisa y catea y detiene a cualquiera que le parezca sospechoso, lo que hace que la gente evite moverse de un pueblo al otro. En calma cuando el propio gobernador tuvo que mudar su oficina de gobierno fuera de la ciudad para despachar, porque durante seis meses no pudo entrar al centro de la ciudad, donde se encuentra la sede de gobierno, ni siquiera cuando ya había entrado la PFP a la capital.

"La PFP tenía tres objetivos básicos y un mes después de su ingreso no han podido cumplirlos", me dijo Aurelio Maceda, coordinador regional del Frente Indígena de Organizaciones Binacionales, el 24 de noviembre, un día antes de la marcha organizada por la APPO que terminó en el enfrentamiento con la PFP que dejó varios edificios y automóviles quemados, decenas de heridos y desaparecidos, y cientos de detenidos.
El primer objetivo era levantar las barricadas, pero la de Cinco Señores seguía en su lugar. El segundo objetivo era patrullar la ciudad para que la gente volviera a hacer su vida normal, y el tercero era entregar la ciudad al presidente municipal y a Ulises Ruiz, pero ninguna de estas dos cosas ha ocurrido, ni siquiera ahora que se ha detenido a los líderes más visibles de la APPO. "Las cosas no les salieron como esperaban porque la gente sigue enojada", me dijo Aurelio.


Y no es para menos. En el lugar donde los simpatizantes de la APPO tenían montados sus campamentos, ahora acampan los policías de la PFP. Quien busque atravesar el zócalo de la ciudad tiene que hacerlo bajo la mirada inquisidora, intimidante de los uniformados, que tranquilamente se bolean los zapatos o entran a comer a los restaurantes, mientras el ciudadano ordinario apura el paso y evita quedarse en el sitio más tiempo del necesario. A mí me ocurrió. Con todo y mi gafete de prensa, y de que iba acompañada de Aurelio a plena luz de día, la mirada inquisitiva de los policías se me clavó en la espina dorsal. Traen una vibra mandada a hacer para la intimidación.
"Cuando estaban los profesores la gente les traía despensas", me contaba un taxista. "Luego se fueron los maestros y quedaron los de la APPO. Ahí yo vi que ya no toda la gente pasaba, sobre todo los hombres, porque a algunos nada más porque los veían feo les hacían algo, y ahí la única ley era la de la APPO. Pero ahora con la PFP nada ha cambiado; ahora las que tienen miedo de pasar por ahí son las mujeres".

El 25 de noviembre se realizó la marcha como respuesta a la declaracion de normalidad de Ulises Ruiz. A lo largo de los 12 kilómetros de recorrido iban llegando contingentes hasta sumar cerca de 15 mil personas. De las calles y las casas por donde atravesábamos salían personas que no se atreven a integrarse a la bola, pero que aplauden al paso de los que marchan. "¡Profesor, profesor!", gritaba una mujer agitando la mano al reconocer al maestro de su hija. "¡Estamos con usted!", y aplaudía y se entusiasmaba toda.

Algunos dirigentes iban boteando y la gente sí daba, de a cinco, 10, 20, hasta 50 pesos. Médicos y enfermeras voluntarios entregaban bolsas con agua a los que iban marchando, y cubrebocas y trapos empapados de vinagre, previendo que en el encuentro con la PFP les podía tocar una "gaseada", tal como ocurrió.

Durante la marcha, además de los contingentes identificados, se fueron sumando varios grupos de jóvenes entre los 12 y los 20 años con el rostro cubierto. Son grupos que se identifican como "anarcopunks", que poco o nada tienen que ver con el magisterio o con la exigencia de que renuncie Ulises Ruiz.
De acuerdo con la gente con la que platiqué, estos chavitos vienen de los barrios que rodean a la ciudad de Oaxaca formando un cinturón de miseria; algunos son niños de la calle y otros ni siquiera son de Oaxaca. Pero evidentemente todos han vivido una situación de marginación social que los lleva a buscar el enfrentamiento rabioso con la autoridad.

Al llegar al centro de la ciudad, y a pesar del llamado a manifestarse pacíficamente realizado por la dirigencia de la APPO, los jóvenes se volvieron incontenibles. Rompieron con picos el suelo de cantera de las calles y aventaron los pedazos a la tira, que para entonces ya estaba armada. Empezaron aventando canicas con resorteras, luego bombas molotov, y entre bomba y bomba, mentadas de madre a cada pefepé. Los policías sólo cierran los ojos y aprietan las mandíbulas; me cuesta trabajo creer que estén tan mal entrenados y se "calienten" tan rápido.

De pronto uno de ellos se paró solo a media calle, enfrente de la fila de pefepés armados, protegidos hasta las orejas, con los tanques detrás de ellos. El chavito se bajó el pantalón, se sacó los genitales y se los mostró. "Mientras tú estás aquí, yo voy a ir a tu casa y me voy a coger a tu madre, a tu hermana, a tu esposa, y van a tener hijos oaxaqueños", fue la frase retadora. El tipo no tenía más de 16 años.

Más allá del insulto, la escena me parece muy reveladora. A mí me dio un escalofrío; en ese momento, una provocación como esas fácilmente podía costarles la vida. ¿Qué ha pasado en este país para que un niño no tema a pararse enfrente de la policía armada para insultarla? Para mí, esa sola imagen merece que se lleve a juicio al gobierno local, al federal, al sistema mismo, porque esa es la acción desesperada de alguien con tal nivel de frustración que ya no tiene nada que perder.
Y dicen que el conflicto se resuelve encarcelando a Flavio Sosa.

Han pasado dos semanas de ese enfrentamiento y el gobierno de Oaxaca insiste en enviar señales de normalidad. Con desesperación busca que los noticieros transmitan imágenes de familias caminando por el zócalo y ha pedido que la PFP retire sus campamentos del centro de la ciudad. Pero mientras, en las afueras, en los pueblos, en los caminos, se sigue deteniendo a cualquiera que sea sospechoso de disentir con Ruiz.
"La mayoría del pueblo se identifica con el conflicto, pero tenemos que ser cuidadosos, porque nuestras organizaciones no tienen dinero para pagar la fianza si nos detienen", es lo último que me dijo Aurelio al despedirse. Hoy él, al igual que cientos de dirigentes comunitarios que no forman parte de la APPO, pero que han cuestionado las políticas de Ruiz, tiene dictada una orden de aprehensión.
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Para ver la galería fotográfica publicada en La Opinión, hagan click aquí abajo:




domingo, octubre 22, 2006

Recado mientamadres

Quienes me conocen saben que suelo mentar madres a diestra y siniestra, pero quienes me leen saben que normalmente me modero cuando la cosa va por escrito. Hice una excepción en el recado que está acá abajo y usé el bonito término "encabronar" porque quedaba que ni pintado para la ocasión. Pero ahora sí, la mentada de madre se queda chiquita.
Resulta que salió la semana pasada la recomendación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos en México para castigar a los responsables de la violación de los derechos de 207 personas en San Salvador Atenco durante el operativo policiaco del 3 y 4 de mayo pasados.

Arriba, un peligroso detenido. Abajo, un "pefepé" lanza gases lacrimógenos

Fotos: cortesía buenaonda de David de la Paz

La comisión acreditó que en el operativo participó personal militar y que los involucrados realizaron detenciones arbitrarias, retenciones ilegales, torturas, allanamientos de morada, robos, incomunicaciones, tratos crueles, inhumanos y/o degradantes, e irregularidades en la integración de las averiguaciones previas. Además pidió la reparación de daño a las víctimas, incluida la indemnización a los familiares de los muertos.
En el expediente, también se acreditaron los abusos sexuales y "violaciones a la libertad sexual" de "al menos 26 mujeres". Este hecho, denunciado desde los días posteriores al operativo por decenas de mujeres, fue puesto en duda por autoridades y pseudopolíticos, incluido el encabronante de aquí abajo. Pero la recomendación de la comisión es muy clara: "Se presentaron conductas atentatorias contra la libertad sexual de las personas, que deben ser investigadas por el Ministerio Público, pues pueden configurar delitos tan graves como el abuso sexual y la violación", dijo Soberanes cuando presentó el documento. La CNDH obtuvo testimonios de mujeres que fueron forzadas a tener sexo oral y a realizar otras actividades sexuales en contra de su voluntad.
Y ahí es donde apareció la joya: el subprocurador de Justicia del Estado de México, fulano de nombre Sergio Ramón Macedo, tuvo la cara dura para salir a decir que "interpretando sólo la ley", los "tocamientos erótico sexuales" cometidos por los policías contra las mujeres de Atenco son DELITOS NORMALES, y no son considerados DELITOS GRAVES porque no fueron realizados "con la intención de cópula".
Según información publicada en el diario mexicano La Jornada, el certificado médico de una de las mujeres que denunció, realizado por peritos médicos legistas describe: "herida contusión sin suturar región occipital sobre la línea media posterior, equimosis por presión en cara posterior tercio proximal en brazo derecho, lumbar derecho, cuadrantes superiores glándula mamaria derecha, equimosis por sugilación en cuadrante inferior lateral, equimosis por contusión en ambos glúteos, excoriación contusión cuadrante inferior medial del glúteo izquierdo...". Los otros son muy similares, incluido uno que describe marcas de mordidas en los senos.

Foto: pirateada de Mario Guzmán

Uno de los testimonios de estas mujeres dice así en uno de sus apartados: "En el trayecto de San Salvador Atenco al penal de Santiaguito, los policías me desvistieron, me golpearon en todo el cuerpo, tres policías introdujeron sus dedos en mi vagina, así como un objeto extraño. Me dieron la vuelta y mis genitales los pusieron cerca del órgano viril de un policía. Me besaban en los senos y me pegaban en el estómago para que accediera a que me introdujeran la lengua. Después, me colocaron desnuda y con las piernas abiertas en un asiento, periódicamente me golpeaban en los glúteos hasta llegar al penal".
Otro: "En el trayecto -de San Salvador Atenco al penal- los policías me desvistieron, me pasaron sus manos por el cuerpo, me apretaban fuertemente hasta hacerme daño en los pechos y glúteos, a tal grado que al revisarme los médicos dijeron que los tenía morados".
Uno más: "En el camión en que me trasladaban fui vendada de los ojos y los policías abusaron sexualmente de mí. Me metieron los dedos en la vagina, me mordieron los labios y me apretaron los senos".
Hay 26 testimonios similares, descriptivos, que hacen que se enchine la piel y que hierva la sangre; pero resulta que para la corta interpretación de la ley de un subprocurador de justicia, estos DELITOS son NORMALES.
A mí me perdonan, pero cualquier persona con tres centavos de decencia no puede hacer menos que coincidir conmigo: señor subprocurador Macedo, vaya usted a chingar a su madre.

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En mayo pasado publiqué un artículo en dos partes sobre el desalojo en Atenco. Tanto la primera parte como la segunda parte incluyen un link a la declaración completa de la cineasta chilena Valentina Palma, quien también fue víctima de abuso sexual durante su traslado al penal de Santiaguito.

El texto completo de la recomendación de la CNDH esta aquí