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lunes, julio 23, 2007

Recado que no fue (recado sobre Oaxaca)

Quería escribir un recado sobre la situación en Oaxaca, la Guelaguetza y la APPO, pero justo cuando buscaba por dónde empezar, vi que La Concharra ya dijo todo lo que yo quería decir y pus se me hace que lo dijo mejor que yo. Vayan a ver su excelente post sobre un agravio más

jueves, diciembre 21, 2006

Recado didáctico

Este 22 de diciembre habrá marchas en varias ciudades de México y Estados Unidos, incluida Los Ángeles, para recordarle al mundo que aunque ya estén aquí las navidades –y para los más afortunados también las nochebuenas-, Ulises Ruiz sigue donde está a pesar de los 350 presos políticos, los 370 heridos y los 24 muertos registrados desde mayo pasado, y las denuncias de tortura que empiezan a aparecer por todos lados tras la liberación de los detenidos.
Con ello como pretexto y por pura solidaridad, El Rincón del Recado presenta:
"Cómo hacer una pinta contra el gobierno de
Ulises Ruiz en 7 sencillos pasos"
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1- Escoges una pared y pones tu plantilla

2-Pasas bien el spray por la colita de las "priratas"

3- Detallas a los "chappolines"

4- Firmas ahí abajito

5- Quitas la plantilla con cuidado

6- Te vas con estilacho

7- ¡Voilá!

domingo, diciembre 10, 2006

Recado sobre Oaxaca (2)

Como mencioné en el mensaje anterior, hace dos semanas estuve en Oaxaca. Apenas se pone un pie fuera de la terminal de autobuses y ahí están: seis policías federales comprando gelatinas, champurrado y tamales. Por la esquina pasan tres camionetas patrullando, dos de la Policía Federal Preventiva (PFP), una de la policía ministerial. La gente apura el paso.

Son las seis de la mañana en esta ciudad que, según el gobernador Ulises Ruiz, desde hace más de un mes volvió a la normalidad gracias al ingreso de la PFP para desmantelar las barricadas instaladas por los integrantes de la APPO. Pero para quien ha visto Oaxaca en su plenitud, es obvio que hoy está lejos, muy lejos de vivir en la normalidad.
El conflicto en Oaxaca se inició en abril con la movilización de los maestros de la entidad que solicitaban un ajuste salarial y otras demandas de tipo laboral. Pero a diferencia de los gobernadores que lo antecedieron, Ulises Ruiz rechazó la negociación con el magisterio y, en lugar de ello, el 14 de junio decidió reprimir con la fuerza pública una manifestación en el centro de Oaxaca, en la que murieron dos profesores.

Ésta fue la gota que derramó el vaso. Habiendo llegado al gobierno bajo la sospecha de fraude electoral, durante su primer año de gestión Ruiz acumuló numerosas acusaciones de persecución y represión en las comunidades que desde el principio se opusieron a su gobierno. Organizaciones de defensa de derechos humanos, ciudadanos organizados, sindicatos, agrupaciones políticas e incluso religiosas se sumaron al movimiento de los maestros bajo una sola consigna: la renuncia del gobernador Ulises Ruiz.
Han pasado casi siete meses y aunque los maestros aceptaron regresar a clases —a pesar de que sus demandas no han sido respondidas— la situación en Oaxaca dista mucho de estar bajo control. Pero Ruiz se esfuerza por demostrar al país y al mundo que Oaxaca está en calma. En calma aunque el gobierno estadounidense sigue advirtiendo a sus ciudadanos que no viajen a la entidad. En calma aunque los negocios locales tengan pérdidas millonarias porque la gente local no se atreve a salir de sus casas. En calma aunque yendo por la carretera haya retenes improvisados en los que la policía revisa y catea y detiene a cualquiera que le parezca sospechoso, lo que hace que la gente evite moverse de un pueblo al otro. En calma cuando el propio gobernador tuvo que mudar su oficina de gobierno fuera de la ciudad para despachar, porque durante seis meses no pudo entrar al centro de la ciudad, donde se encuentra la sede de gobierno, ni siquiera cuando ya había entrado la PFP a la capital.

"La PFP tenía tres objetivos básicos y un mes después de su ingreso no han podido cumplirlos", me dijo Aurelio Maceda, coordinador regional del Frente Indígena de Organizaciones Binacionales, el 24 de noviembre, un día antes de la marcha organizada por la APPO que terminó en el enfrentamiento con la PFP que dejó varios edificios y automóviles quemados, decenas de heridos y desaparecidos, y cientos de detenidos.
El primer objetivo era levantar las barricadas, pero la de Cinco Señores seguía en su lugar. El segundo objetivo era patrullar la ciudad para que la gente volviera a hacer su vida normal, y el tercero era entregar la ciudad al presidente municipal y a Ulises Ruiz, pero ninguna de estas dos cosas ha ocurrido, ni siquiera ahora que se ha detenido a los líderes más visibles de la APPO. "Las cosas no les salieron como esperaban porque la gente sigue enojada", me dijo Aurelio.


Y no es para menos. En el lugar donde los simpatizantes de la APPO tenían montados sus campamentos, ahora acampan los policías de la PFP. Quien busque atravesar el zócalo de la ciudad tiene que hacerlo bajo la mirada inquisidora, intimidante de los uniformados, que tranquilamente se bolean los zapatos o entran a comer a los restaurantes, mientras el ciudadano ordinario apura el paso y evita quedarse en el sitio más tiempo del necesario. A mí me ocurrió. Con todo y mi gafete de prensa, y de que iba acompañada de Aurelio a plena luz de día, la mirada inquisitiva de los policías se me clavó en la espina dorsal. Traen una vibra mandada a hacer para la intimidación.
"Cuando estaban los profesores la gente les traía despensas", me contaba un taxista. "Luego se fueron los maestros y quedaron los de la APPO. Ahí yo vi que ya no toda la gente pasaba, sobre todo los hombres, porque a algunos nada más porque los veían feo les hacían algo, y ahí la única ley era la de la APPO. Pero ahora con la PFP nada ha cambiado; ahora las que tienen miedo de pasar por ahí son las mujeres".

El 25 de noviembre se realizó la marcha como respuesta a la declaracion de normalidad de Ulises Ruiz. A lo largo de los 12 kilómetros de recorrido iban llegando contingentes hasta sumar cerca de 15 mil personas. De las calles y las casas por donde atravesábamos salían personas que no se atreven a integrarse a la bola, pero que aplauden al paso de los que marchan. "¡Profesor, profesor!", gritaba una mujer agitando la mano al reconocer al maestro de su hija. "¡Estamos con usted!", y aplaudía y se entusiasmaba toda.

Algunos dirigentes iban boteando y la gente sí daba, de a cinco, 10, 20, hasta 50 pesos. Médicos y enfermeras voluntarios entregaban bolsas con agua a los que iban marchando, y cubrebocas y trapos empapados de vinagre, previendo que en el encuentro con la PFP les podía tocar una "gaseada", tal como ocurrió.

Durante la marcha, además de los contingentes identificados, se fueron sumando varios grupos de jóvenes entre los 12 y los 20 años con el rostro cubierto. Son grupos que se identifican como "anarcopunks", que poco o nada tienen que ver con el magisterio o con la exigencia de que renuncie Ulises Ruiz.
De acuerdo con la gente con la que platiqué, estos chavitos vienen de los barrios que rodean a la ciudad de Oaxaca formando un cinturón de miseria; algunos son niños de la calle y otros ni siquiera son de Oaxaca. Pero evidentemente todos han vivido una situación de marginación social que los lleva a buscar el enfrentamiento rabioso con la autoridad.

Al llegar al centro de la ciudad, y a pesar del llamado a manifestarse pacíficamente realizado por la dirigencia de la APPO, los jóvenes se volvieron incontenibles. Rompieron con picos el suelo de cantera de las calles y aventaron los pedazos a la tira, que para entonces ya estaba armada. Empezaron aventando canicas con resorteras, luego bombas molotov, y entre bomba y bomba, mentadas de madre a cada pefepé. Los policías sólo cierran los ojos y aprietan las mandíbulas; me cuesta trabajo creer que estén tan mal entrenados y se "calienten" tan rápido.

De pronto uno de ellos se paró solo a media calle, enfrente de la fila de pefepés armados, protegidos hasta las orejas, con los tanques detrás de ellos. El chavito se bajó el pantalón, se sacó los genitales y se los mostró. "Mientras tú estás aquí, yo voy a ir a tu casa y me voy a coger a tu madre, a tu hermana, a tu esposa, y van a tener hijos oaxaqueños", fue la frase retadora. El tipo no tenía más de 16 años.

Más allá del insulto, la escena me parece muy reveladora. A mí me dio un escalofrío; en ese momento, una provocación como esas fácilmente podía costarles la vida. ¿Qué ha pasado en este país para que un niño no tema a pararse enfrente de la policía armada para insultarla? Para mí, esa sola imagen merece que se lleve a juicio al gobierno local, al federal, al sistema mismo, porque esa es la acción desesperada de alguien con tal nivel de frustración que ya no tiene nada que perder.
Y dicen que el conflicto se resuelve encarcelando a Flavio Sosa.

Han pasado dos semanas de ese enfrentamiento y el gobierno de Oaxaca insiste en enviar señales de normalidad. Con desesperación busca que los noticieros transmitan imágenes de familias caminando por el zócalo y ha pedido que la PFP retire sus campamentos del centro de la ciudad. Pero mientras, en las afueras, en los pueblos, en los caminos, se sigue deteniendo a cualquiera que sea sospechoso de disentir con Ruiz.
"La mayoría del pueblo se identifica con el conflicto, pero tenemos que ser cuidadosos, porque nuestras organizaciones no tienen dinero para pagar la fianza si nos detienen", es lo último que me dijo Aurelio al despedirse. Hoy él, al igual que cientos de dirigentes comunitarios que no forman parte de la APPO, pero que han cuestionado las políticas de Ruiz, tiene dictada una orden de aprehensión.
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Para ver la galería fotográfica publicada en La Opinión, hagan click aquí abajo:




lunes, diciembre 04, 2006

Recado sobre Oaxaca (1)

Detuvieron a Flavio Sosa y otros dirigentes de la APPO a unas horas de la cita convocada para reanudar las conversaciones en la Secretaría de Gobernación

Yo acabo de estar en Oaxaca. No sólo en la capital. Recorrí algunos pueblos de la región mixteca, platiqué con la gente.
La demanda no es sólo la salida de Ulises Ruiz, ni la agenda de cuatro dirigentes. Son los años de rezago, de abandono, de saberse ignorados.

Plaza central de Juxtlahuaca, tomada por simpatizantes de la APPO

El gobierno federal, en su absoluta soberbia e ignorancia, pensó que al volver los maestros a clases el problema terminaba.

Pero los maestros han regresado a sus comunidades, en donde son líderes morales, sólo para organizar a un pueblo que ha descubierto que tiene voz.

Calderón, Ramírez Acuña, Medina Mora, no tienen ni idea de lo que se avecina.

Tal vez ni siquiera nosotros.

miércoles, noviembre 29, 2006

Recado express

El fin de semana pasado estuve en Oaxaca.
Duele esa parte del país.


Este viaje a México no me ha dado chance de postear como me hubiera gustado. Paciencia y no me olviden, los textos llegarán un poco más adelante.

sábado, noviembre 04, 2006

Recado visitante

Mi querido amigo Témoris Grecko, buen periodista y mejor pata de perro, envió este texto desde Nueva Zelanda, una más de las etapas de su Vuelta al Mundo. Me parece que es una excelente fotografía del punto al que hemos llegado, después de siglos de racismo impune.
Al leerlo me acordé de aquella canción de Gabino Palomares, Maldición de Malinche:
"Hoy en pleno siglo XX nos siguen llegando rubios
y les abrimos la casa y los llamamos amigos.
Pero si llega cansado un indio de andar la sierra
lo humillamos y lo vemos como extraño por su tierra.
Tú, hipócrita que te muestras humilde ante el extranjero
pero te vuelves soberbio con tus hermanos del pueblo".
Aquí el texto de Témoris.

EL IFE, FOX, OAXACA, TABASCO: SOMOS UNA REPÚBLICA CHORICERA

"Nosotros no valemos nada", me dijo un señor indígena en la avenida Gabriel Mancera, casi esquina con Xola, en la colonia del Valle de la Ciudad de México. Un momento antes, su compañero, con el rostro lleno de sangre, había dicho: "No queremos dar molestias".
Esto ocurrió pocas semanas antes de salir de México. Yo venía conduciendo y me acompañaba mi tío Martín. Al pasar Xola, vi como una persona cruzaba la avenida sin precaución alguna. La mujer que manejaba un coche blanco no pudo hacer nada y lo golpeó de costado.
Ella y nosotros nos detuvimos de inmediato. Levantamos al señor, de unos cincuenta años, delgado, pequeño. Tenía la cabeza abierta, la camisa se le llenaba de sangre. De inmediato dijo que estaba bien, que era su culpa, y empezó a pedir perdón. Estábamos a unos cien metros de un hospital del IMSS con atención de emergencias. Lo invitamos a venir con nosotros para que lo checaran. Él se negaba, avergonzado, "somos indios, no queremos dar molestias, somos indios, no queremos dar molestias, perdónennos". Su compañero lo abrazaba para consolarlo, pero sobre todo se ocupaba de tranquilizarnos, y entonces empezó a llorar. "Es que nosotros no valemos nada. Somos indios de la sierra. No valemos nada". Yo quería llorar también.
A unos pasos de ahí, cerca pero sin intervenir, estaba un hombre mestizo, chilango, con un bonche de ejemplares de una publicación religiosa. Los dos indígenas también traían unos montones. Pensé que estaban relacionados. Me molestó que el tipo, quien supuse que estaba a cargo de ellos, se mantuviera al margen mientras el indígena seguía sangrando. Le dije que me ayudara a convencerlo de ir a revisarse la herida. El hombre hizo ademán de marcharse. Le pregunté por dios y su religión, que por qué no ayudaba al prójimo. Se fue. Los indígenas se fueron tras él.
¿Que pasó en Oaxaca? Personas que se han dado cuenta de que valen mucho y no quieren seguir tragándose la discriminación decidieron exigir lo suyo. El absurdo manejo del problema por parte del gobierno federal, y de hecho los abusos constantes que por décadas y siglos han prevalecido en ese estado, permitieron que la ultraizquierda se apoderara del movimiento. No es culpa de la gente ni de sus reivindicaciones. No debería extrañarle a nadie. Ni que el conflicto se haya podrido. El gobernador Ulises Ruiz y sus esbirros se dedicaron a matar gente. Todos los muertos cayeron siempre del mismo lado. El Centro no intervino.

Foto: AFP
Sólo lo hizo, cuando, oh, sí, mataron a un extranjero. Estoy seguro de que Brad Will se sentiría triste si pudiera enterarse de que su muerte es más valorada que la de la gente cuya lucha quería documentar. Es paradójico que sus amigos se vean en la situación de que protestar por su muerte parezca compartir la preocupación prioritaria del gobierno por una vida foránea.
Desde aquí, tan lejos de mi México y de su Estados Unidos, le envío una muestra de mi tristeza, mi dolor y mi indignación
Tristeza, dolor e indignación que también van por los muchos ciudadanos que han sido asesinados en Oaxaca, y cuyas muertes la autoridad no tiene intención de aclarar, porque son sólo mexicanos, porque son sólo indios y mestizos oaxaqueños que no pertenecen a las clases globalizadas.
No creo que los asesinos hayan calculado matar a un extranjero, pero sí matar para provocar de una vez por todas la intervención federal. Una intervención que, miren ustedes en que país vivimos, no estaba destinada a detener a los asesinos, ¡¡¡¡sino a golpear y encarcelar a las víctimas de los asesinos!!!! Se puede creer?
Leo hoy, sábado (viernes en México), que la PGR dice que nadie le ha entregado detenidos… ¿en dónde están, entonces? ¿A dónde llevo la PFP a la gente que cazó? ¿Es que puede entrar en la cabeza de alguien poner a las víctimas en manos de los victimarios, los entregaron a la policía de Ulises Ruiz? ¿En donde están, si no?

Foto: El Universal
¿Qué ha pasado en este país? Cuando salí de México, en abril de 2005, pensé que las cosas iban mas o menos bien, a pesar de todo. La democracia resistía. Ya no éramos una república choricera de acarreados. Pero había indicios en sentido contrario. Uno muy claro: la manipulación del órgano electoral: de un Woldenberg pasamos a tener un Ugalde, de consejeros de primer nivel intelectual a otros de tercero, de un órgano mucho más que menos imparcial a otro agandallado por dos partidos políticos y medio (el Verde es un negocio, no un partido).
No vi la campaña. Pero ahora el IFE dice que debilidades de la ley le impidieron callar a Fox, o sea, Ugalde reconoce abiertamente que la intervención del presidente fue nociva para el proceso electoral, algo que, con un resultado tan apretado, bien pudo haber decidido la contienda.
Después Oaxaca. Y Tabasco, Gonzalo N. Santos, el cacique mas clásico entre los clásicos, estaría satisfecho si pudiera ver la forma en que operó el PRI allí.
Pensé que teníamos una democracia incipiente pero en buen camino. Así lo he explicado a lo largo de mi viaje. Me equivoqué. México puede estar mejorando su comportamiento macroeconómico, pero ahora vemos que subir al primer mundo no es sólo una cosa de vestirnos con ropa de marca, sino de trasladar los beneficios a todo el país.
¿Por qué están saliendo las cosas así? ¿Por qué tenemos gobernadores asesinos como Ulises Ruiz? ¿Por qué se permiten operaciones tan sucias como la de Tabasco? ¿Por qué actúan los partidos como gángsteres (desde el PRD hasta el PAN, pasando por el gangster-non-plus-ultra, el PRI, y la chiquillada, tal vez con excepción de los socialdemócratas)? ¿Por qué nos cambian un IFE de lujo por uno guajolotero?
La respuesta es la misma que la que tienen estas otras preguntas: ¿Por qué tenemos una ultraizquierda cada vez mas activa, y con ella la posibilidad de una guerra civil? ¿No estábamos mas allá de los fantasmas de la insurrección? ¿No éramos una democracia?

Foto: David de la Paz
Ni los dinosaurios, ni la ultraizquierda (ni el yunque, por supuesto) se van a acabar si no se atienden eficaz y decididamente los graves rezagos sociales que afectan a nuestro país, si no eliminamos la corrupción desde la raíz, si no ponemos límites a la explotación de la gente que realiza el gran capital (la banca española acaba de anunciar que gana más en México que en ningún otro lugar porque el sistema de aquí es bárbaramente abusivo en cuanto a cuotas, comisiones y otros cobros –claro que ellos no dijeron bárbaramente abusivo, dijeron beneficioso), si no extirpamos el racismo que subyace en nuestras actitudes (qué mayor victoria de la perversión que convencer a una gente de que vale menos a causa de su raza), si no…
Seguimos siendo un país dinosáurico. Eso es lo que nos han enseñado estos años de ahumadas y bejaranos y manuelespinos y jefediegos y ulisesruices y madrazos. El ascenso económico de una parte del país no va a consolidarse si deja atrás al resto del país, ese es el mensaje básico, por el sencillo hecho de que: la-gen-te-se-can-sa.
Con todo respeto hacia los hermanos colombianos, sólo una cosa nos diferencia de Colombia: Tenemos paramilitares (mírenlos en Oaxaca), tenemos narcos de a montón, pero no tenemos guerrilleros (de los que sí disparan). ¿Para cuándo los queremos?



Video del enfrentamiento frente a la UABJO

jueves, noviembre 02, 2006

Recado por los difuntos de Oaxaca


El lunes pasado hubo una manifestación frente al consulado de México en Los Ángeles.

Entre las decenas de personas que estaban ahí exigiendo la salida de la PFP y la renuncia de Ulises Ruiz, una chavita lloraba en silencio con un cartel en inglés, diferente a los otros, con la foto de un hombre: la de Bradley Will, el camarógrafo que murió la semana pasada y que motivó la entrada a Oaxaca de la propia PFP (y el recado de aquí abajo).

La chica es Kat Lo, quien durante tres años trabajó con Will en la agencia Indymedia de Nueva York. En medio de su profundísimo dolor, me dijo: "Creo que es triste que hasta que una persona blanca o un ciudadano americano muere es cuando el mundo parece darse cuenta del problema. Antes de eso muchos indígenas mexicanos fueron asesinados también".
Este 2 de noviembre, vaya un pensamiento para todos esos indígenas mexicanos asesinados sin aspavientos porque no eran blancos, porque no eran estadounidenses, porque no se ven.
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Una foto de un campo de cempasúchil gabacho en La Galería y más fotos de la protesta fuera del consulado en aquí
Audio con la versión de la APPO sobre la incursión de las fuerzas federales en Oaxaca
aquí

lunes, octubre 30, 2006

Recado desde Oaxacalifornia

Todo fue que mataran a un gabacho para que las cosas se movieran en Oaxaca. El presidente Fox se espabiló, y lo que se había especulado quedito y recio desde hace semanas, tronó porque ahora el muerto no fue un maestro, no fue un APPO desarrapado, no fue un sujeto de apellido López, sino un güero que para acabarla de amolar era periodista.
Entonces sí, hasta la misa en domingo se brincó el presidente y ahí van sus soldaditos disfrazados de policías, bajándose de sus helicópteros con sus trajes camuflajeados para no notarse, supongo. Ahí van, tolete y escudo en mano, dando de golpes como si con eso espantaran los años, las décadas, los siglos de rezago en Oaxaca. Como si dispersando a los protestantes se borrara el desdén de los gobiernos hacia los pueblos del sur del país. Como si retomando las calles y borrando el graffitti los maestros fueran a ganar más o a enseñar mejor. Como si regresando a los niños a la escuela estuviera garantizado su éxito, aunque sigan teniendo la panza llena de lombrices.

Manta colocada frente al consulado de México en Los Ángeles

Oaxaca no tiene solución, no por culpa de la APPO, ni de los maestros, ni del EPR, ni siquiera por culpa del imbécil ególatra ignorante que es Ulises Ruiz. Oaxaca no tiene solución porque nadie ha querido voltear para allá.

Protesta frente al consulado de México en Los Ángeles

De eso saben los oaxaqueños en California. Hace tres semanas estuve en Oxnard, a una hora al norte de Los Ángeles, ciudad conocida como la capital de la fresa. Es un cliché cantar "Strawberry Fields Forever" cuando uno llega, pero pues es lo primero que le viene a uno a la mente: campos y campos con laaaaargas hileras de fresas, y ahí nuestros paisanos, la mayoría de ellos originarios de la región mixteca de Oaxaca, agachados, piscando las fresas. También hay campos de moras; en ambos las manos que trabajan ocho horas diarias bajo el rayo del sol, son manos oaxaqueñas.
Una gran parte de la gente que llega de Oaxaca a los campos de California viene sin haber cursado ni siquiera un año de escuela. Muchos de quienes trabajan en el campo lo hacen porque son indocumentados y no pueden encontrar otro tipo de empleo, pero también porque no saben leer y escribir. A veces consiguen regularizar su situación migratoria pero aún así no pueden entrar a trabajar a una fábrica, en donde ganarían más, porque no pueden leer los letreros de emergencia o de instrucciones básicas.

Campo de moras en Oxnard, California

Algunos de los oaxaqueños que llegan no hablan español, de manera que en los condados agrícolas hay una gran demanda de traductores mixteco-inglés o zapoteco-inglés. Muchos oaxaqueños están encarcelados porque no pudieron acceder a una defensa justa por no hablar ni inglés ni español.

Aunque no hay datos exactos se estima que en California podría haber unos 200 mil oaxaqueños, y sólo en el Valle Central, corazón agrícola del estado, entre 45 mil y 70 mil. Y para como están las cosas en Oaxaca, la cifra va a seguir creciendo.
Aquí, algunos fragmentos de lo que me dijeron las personas con las que platiqué, todos originarios de Oaxaca y todos trabajadores de los campos californianos:

"Cuando empezó el presidente Fox dijeron que no iba a haber mucha migración. Pero en el año 2000 empezó la gente a venir día tras día, de 50 a 100 personas cada día aquí a Oxnard. En la fresa, antes del año 2000, la mayoría eran michoacanos o de Guanajuato, pero después del año 2000 empezaron a llegar puros oaxaqueños". –Antonio Flores.

"Nosotros como campesinos allá no tenemos ninguna ayuda de parte del gobierno. Allá tenemos terreno pero no tenemos maquinaria, no tenemos el equipo necesario, no hay como jalar el agua para los terrenos, no hay manera. Si hubiera inversión, nosotros que ya tenemos muchos años acá y sabemos cómo funciona el sistema, yo creo que no vendríamos para acá". -Juan Jiménez.


Campo de fresas en los años ochenta

"Lo que vemos es que el dinero que están mandando los que están aquí ayuda a que pare un poquito la gente que se viene, pero no es suficiente porque el gobierno en sí no está apoyando a nuestra comunidad. A ellos les conviene porque los que se vienen mandan remesas; no lo dicen claramente, pero lo ven como un medio de inversión para México". –Antonio Flores
"Es como un plan para convertirnos en un tipo de mercancía; ya no es simplemente exportar petróleo o vegetales, sino que además ahora México se dedica a la exportación de gente. Entonces la gente dice, para qué me voy a poner a cosechar en mi tierra si me puedo ir a Estados Unidos, si aquí cosecho me dan una miseria por mi producto y ya mis hijos tampoco quieren hacer eso. Nadie se queda para cuidar nuestra tierra; hay comunidades donde ya casi no hay jóvenes, sólo niños y ancianos. Yo siento tristeza y enorme enojo, porque aquí vienen y se parten la espalda para poder vivir cuando en realidad quieren estar en México, pero no hay manera de que puedan sobrevivir allá". –Adrián Gaspar

Campo de fresas hoy

"Viene uno buscando nuevos horizontes y un futuro mejor para los hijos. Yo tengo un hijo que es ingeniero, tengo una hija que es administradora de empresas y otra niña que es muy buena estudiante. Ellos no se avergüenzan de mí porque ande tapada así [con el rostro cubierto mientras cosecha], y yo me siento orgullosa de ellos". -Catalina Montesinos

"El campo es la primera oportunidad de llegar acá, el único lugar donde nos pueden dar trabajo sin saber hablar inglés ni nada. Es un poco pesado, más en la fresa porque tiene uno que andar agachada todo el tiempo. Pero como uno no estudió, se conforma uno con eso. Mis hijos ahora están estudiando, por eso no me regreso a Oaxaca, no quiero que les pase lo que me está pasando a mí, que terminen en el field como yo, pues no. Mejor que estudien aquí". –Yolanda Ventura

Foto: Chris Martinez

"Yo trabajé en el campo sólo un día. Mis calificaciones estaban mal y mi papá me sacó de la escuela un día y me puso a piscar fresa. Duré dos horas y decidí ponerme a estudiar. Vi que duro es estar agachada, me dolía la espalda; por eso gané tanto respeto por el trabajo que hicieron mis padres y que hacen los trabajadores del campo". -Ester Domínguez, activista del Sindicato de Trabajadores Agrícolas en Oxnard

Los restaurantes de California y de otros lugares de Estados Unidos están llenos de pasteles, helados, muffins, malteadas, mermeladas, cualquier cantidad de productos con fresas. Cada una de esas fresas lleva un cachito del alma y la esperanza oaxaqueñas. Hoy mismo, al igual que cada día, cerca de 100 oaxaqueños están buscando la manera de cruzar ilegalmente pa’l norte. Porque en Oaxaca no hay nada y en el campo de California se ganan 7 dólares por hora. Por eso no hay negociación con Abascal, ni represión de la pefepé, ni renuncia de Ulises, ni muro de Bush que los detenga. Porque Oaxaca necesita de un gobierno sensible y responsable, que vea a su pueblo con amor y por encima de sus intereses. Y ese gobierno no va a llegar pronto.

El artículo completo sobre oaxaqueños en Oxnard se encuentra aquí
La comunidad oaxaqueña en Los Ángeles está organizando distintas actividades en apoyo a los maestros en Oaxaca. Más información aquí